“El regalo de la muerte”

LONDRES. _ Anoche mantuve una entrevista con el Dr Thomas Lodi, un oncólogo integrativo con clínicas en EEUU y Tailandia. Conversamos durante más de una hora sobre los diferentes aspectos del cáncer y los tratamientos que él emplea.

El Dr Lodi combina tratamientos tradicionales con alternativos y ha creado una visión de la enfermedad un tanto diferente a la tradicional: ‘el cáncer es un intento de nuestro organismo de sobrevivir ante un estilo de vida nocivo’, postula. El trabajo que realiza con sus pacientes consiste en cambiar ese estilo de vida a muchos niveles: nutrición, ejercicio físico, meditación, yoga, etc. Afirma que una vez reemplazado el estilo de vida por uno más saludable, la tasa de remisión se estima entre un sesenta y un setenta por ciento.

A medida que avanzaba la entrevista le pregunté cuál era el factor que marcaba la diferencia entre aquellos que se curaban y los que no. Tras una larga pausa se aventuró a decir que en su opinión, los que acababan sanando eran aquellos que veían la enfermedad como una llamada para transformar su vida. Me contaba que aquellos que se rinden al momento presente, sin esperar nada, sin buscar la curación; aquellos que viven el momento en estado de gratitud y con la conciencia de que estar vivo es el mayor milagro y regalo que existen, son los que se sanan. La sanación, proseguía, es llegar a este estado y no la desaparición de la enfermedad, aunque ésta es producto de aquella.

Durante mi carrera en cuidados paliativos, he observado algo parecido. Los familiares con los que he trabajado transformaron sentimientos de culpa o resentimiento y los canalizaron de una manera más sana. Sin embargo, todos los pacientes paliativos con los que trabajé han muerto.

A pesar de que el resultado final es el mismo para todos ellos, considero que algunos “sanan” y otros no. Curiosamente, y sin haberlo verbalizado de esta manera antes de entrevistar con el Dr Lodi, mi pensamiento seguía la misma línea.

Hay pacientes que tras pelearse con su diagnóstico durante mucho tiempo llegan a acoger su enfermedad como un proyecto en el que trabajar. El proyecto depende de las circunstancias individuales de cada uno. Para algunos se centra en resolver problemas de relación con su pareja que han estado latentes durante años. Para otros, se trata de dejar de intentar controlar el futuro.

Algunos deben perdonar o perdonarse por algo y, en fin, las tareas son innumerables.

Aquellos pacientes que eligen darse a su tarea respectiva son los que consiguen resolver sus problemas, los que mantienen conversaciones importantes y transformadoras y pueden llegar a morir rodeados de un cierto aire de euforia. Son personas que consiguen empezar a apreciar cada momento de su vida como un regalo, y aunque resulte paradójico, desarrollan un sentimiento de gratitud hacia la enfermedad.

En este estado de gozo, las prioridades cambian. El dinero, el trabajo y los bienes materiales dejan de tener importancia y la balanza se inclina hacia las relaciones personales, hacer el bien, la compasión y son capaces de encontrar belleza casi en cualquier lugar.

“Consideran el propio camino hacia la muerte como una oportunidad para tener una experiencia plena y satisfactoria.”

En nuestra sociedad actual, tendemos a concebir la muerte como algo sórdido y sinsentido, lo cual deriva en sentimientos de ansiedad y terror cuando ésta se aproxima. Sin embargo, estos pacientes de los que hablo, no sólo eligen una visión más alentadora, sino que consideran el propio camino hacia la muerte como una oportunidad para tener una experiencia plena y satisfactoria.

Desde mi punto de vista, esta experiencia de gratitud, gozo y compromiso con la vida y el amor por ella se convierten en una experiencia sanadora.

En el campo de los tratamientos alternativos y con sus métodos menos invasivos, la sanación personal resulta en la curación de la enfermedad, según afirma el Dr Lodi.

Sin embargo, en el campo de los cuidados paliativos los pacientes de cáncer han sido apaleados por métodos invasivos como la cirugía, la radiación y la quimioterapia. A pesar de ello, la sanación personal es posible para aquellos que estén dispuestos a entregarse de pleno al proceso.

La realidad es que una enfermedad grave como el cáncer puede ser catalizadora de una experiencia de “muerte del Ego”, como la describen personas como Stanislav Groff o Aldus Huxley. Cuando sufrimos una gran crisis en nuestra vida, gran parte del sufrimiento que afrontamos deriva del hecho de que nuestra identidad se ve amenazada. Es decir, es nuestra idea sobre nosotros mismos la que se ve en peligro. Por el contrario, aquello que a veces llamamos nuestro Ser no puede verse nunca amenazado, ya que nuestro Ser no es más que el proceso continuo de seguir siendo, momento a momento. Al igual que en el caso de una bellota, cuya semilla se encuentra encerrada dentro de la cáscara, es necesario romper el caparazón para poder convertirse en planta y después de un tiempo en un roble magnífico. Sin romper el caparazón, la semilla no es más que un roble en potencia que no se ha manifestado todavía. Diferentes culturas han creado ritos de iniciación para facilitar una muerte del Ego para sus iniciados y para desatar la semilla que se encuentra en ellos. Nuestra cultura de hoy día no alberga este tipo de ritos y pienso que por ello hay gente que se enfrenta a una gran crisis por primera vez cuando se enfrenta a su muerte. Desafortunadamente carecemos de herramientas para apoyar a las personas durante este proceso. Durante mi carrera profesional he observado a gente que decidió no entregarse al proceso por miedo a perder su identidad y “volverse locos”. Aquellos que, por el contrario, decidieron transformar su vida, se dieron cuenta de que la locura era la forma en la que habían vivido hasta entonces. Tanto unos como otros murieron, pero unos murieron habiendo realmente abierto los ojos y sus corazones a la Vida.▗

URTZI CRISTÓBAL _ PSICÓLOGO ESPECIALISTA EN CUIDADOS PALIATIVOS Y DUELO

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