Es importante contar aquello que quedó sin decir

Palabras que se quedan guardadas sin ser contadas por no haber tenido la oportunidad. Para poder recuperar de forma sencilla y directa esos sentimientos y regalárselos a las personas que nos dejan. ‘Momentos compartidos’

Ahora, más que nunca, cobra sentido completar el ritual de la despedida. escribir un mensaje en su homenaje y llevarse una pulsera como recuerdo del momento vivido juntos.

De esta forma, la pulsera se convierte en un símbolo que nos liga y nos une a través de un hilo a la persona a la que le hemos dedicado el mensaje, aliviando la sensación de vacío o abandono.

“Se trata de prestar un servicio de atención a las familias en el camino de la despedida

palabras _ momentos

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Momentos: Supervivencia

Corren tiempos muy difíciles.

Hace tiempo que vengo hablando sobre algunas consecuencias que derivan del hecho de que la muerte es un gran tabú en nuestra sociedad. En circunstancias normales, las deficiencias culturales han producido muchas situaciones más que tensas en el tanatorio, donde el profesional funerario se encuentra con familiares que no han hablado ni afrontado su situación. Incluso cuando la muerte de su ser querido era más que anunciada.

Sin embargo, ahora nos encontramos con un escenario completamente diferente. Hay gente que describe este periodo marcado por la pandemia del COVID-19 como un periodo de guerra. A pesar de que no estamos en guerra, algunas de las similitudes son aparentes y, si me lo permites, quisiera ahondar en algunas de ellas que guardan un lazo con el mundo de la muerte.

En tiempos de normalidad, disponemos de procesos regulares y planificados que permiten una buena muerte. Disponemos de asistencia sanitaria organizada, de servicios funerarios profesionales y efectivos que se encargan del aspecto práctico tras la muerte o de pólizas de seguro que marcan claramente las líneas sobre sus prestaciones. Aun así, la muerte se vive casi siempre como algo traumático, a pesar de que en numerosas ocasiones va precedida por un proceso de enfermedad largo.

Sin embargo, en tiempos de urgencia como los que vivimos, los procesos normalizados que empleamos son mayoritariamente ineficaces. No por incompetencia del sistema, sino porque tales procesos no están diseñados para hacer frente al escenario actual.

Por tanto y, a pesar de sus esfuerzos, tanto los servicios sanitarios como los funerarios se quedan cortos al cubrir las necesidades de sus usuarios. En una situación de transformación constante en la que las directrices del gobierno cambian casi de manera diaria, impera la incertidumbre. La demanda se ve aumentada por el incremento en el número de muertes y los recursos disminuidos por trabajadores en cuarentena.

Una de las primeras facultades que desaparece en tiempos de urgencia es la capacidad de reflexión y planificación. Es por ello que los planes de evacuación en caso de incendio se forjan en tiempos de tranquilidad. Cuando llega el incendio, solo se puede reaccionar.

Una de las primeras facultades que desaparece en tiempos de urgencia es la capacidad de reflexión y planificación.

Hoy día, nos encontramos en una situación de emergencia y sin precedentes. Es seguro que las últimas despedidas de las víctimas del COVID-19 no ocurran. Que los funerales, entierros o incineraciones, junto con los demás ritos que hemos creado para cerrar capítulos en nuestras vidas no lleguen a materializarse. Tanatorios vacíos, salas de espera desiertas, palacios de hielo llenos de fallecidos esperando su turno.

El trauma característico de la muerte, evitable en gran medida en tiempos de normalidad, se vuelve tan inevitable como generalizado en la situación actual. El pánico y los sentimientos no canalizados mediante rituales derivan en una falta de empatía, haciendo que uno no tenga capacidad de sintonizar con el dolor de otro porque uno ya tiene bastante con el suyo.

Tal y como sucede en tiempos de emergencia, el sueño de prosperar es demasiado ambicioso y uno solo puede pensar en sobrevivir. La tragedia es inevitable y las vivencias traumáticas difíciles de esquivar. Hay que esperar a que pase el peligro.

La secuela de lo vivido y las consecuencias psicológicas de haber presenciado un evento como éste se manifestarán una vez que haya pasado. El duelo llegará en una de sus múltiples encarnaciones, ya sea como un duelo complicado o como un trastorno de estrés postraumático.

En el futuro, tendremos que hacer especial hincapié en crear sistemas y procesos que permitan canalizar los sentimientos masivos almacenados. Tendremos que aprender a vivir y aceptar la vulnerabilidad que acompaña al ser humano, simplemente por ser mortal, desde su nacimiento hasta el fin de sus días.

Sin embargo, mientras dure la pandemia, lo único que nos queda es poner conciencia en el momento presente. Vivir el momento como si fuera a ser nuestro último y verlo como un regalo. Por eso se llama presente.

Por tanto, aprovecha para llamar a tus seres queridos y diles que los quieres. Llama a aquellos con quienes tengas un asunto pendiente y ciérralo. Pide perdón a quien se lo tengas que pedir y agradece a quien le tengas que agradecer.

Si se da el caso de que alguno no sobreviviera a la epidemia, tu relación con ellos habrá terminado con los asuntos tan cerrados como puedan estar. Aún te quedará el dolor, pero habrás creado un duelo más limpio. Sin embargo si, el día de mañana cuanto termine todo esto, tienes la suerte de reunirte con alguno en persona, fúndete con él o ella en un abrazo y celebra que todavía os queda tiempo juntos.

El tiempo que te queda con tus seres queridos, durante la pandemia o después, es casi irrelevante. Lo importante es lo que hagas con ese tiempo.

Abril _ 2020
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Momentos: Supervivencia Momentos_4

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“El trato sanitario y emocional con la muerte no acaba en el hospital”

JORDI FERNÁNDEZ. Responsable de Tanatopraxia de SFB – Grupo Memora. Tanatopractor. Exárbitro de fútbol y vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros de la F.C.F.

Los profesionales funerarios, entre los que estamos los tanatopractores, somos los últimos actores que intervienen en la cadena sanitaria en un fallecimiento. Durante décadas, las autoridades competentes han obviado que la cadena sanitaria y la prevención no se acaba en el hospital. La crisis del COVID-19 está poniendo a prueba a todos los sectores, también al nuestro.

BARCELONA – MARZO 2020

– El COVID-19 ha tensionado a todos los sectores. ¿Cómo ha afectado al sector funerario?

JORDI FERNÁNDEZ. – El sector funerario y sobre todo sus trabajadores están demostrando durante estos días tan duros la gran responsabilidad que tenemos. Durante los primeros días de la pandemia, poca gente sabía a qué nos íbamos a enfrentar. En poco tiempo, ya conocemos muchas cosas de esta enfermedad y cómo actuar con seguridad frente a ella. La capacidad de adaptación de los profesionales funerarios es magnífica y nos permite enfrentarnos a cualquier situación como la que estamos viviendo. Estoy seguro de que las empresas funerarias hacen frente, actúan y se rigen bajo protocolos propios, además del protocolo del Ministerio de Sanidad. La profesionalidad de los empleados del sector destensa la situación y, durante estos días tan complicados, estamos doblando turnos, enfrentándonos a situaciones complejas e intentamos ofrecer el máximo respeto y cariño a las familias.

– Se está extendiendo un grito a voces que reivindica que sois el último eslabón de la cadena. ¿Qué significa esta situación?

J.F. – Por desgracia, hoy por hoy, cualquier persona en nuestro país puede manipular el cuerpo de una persona difunta. Esto es una barbaridad y más en los tiempos que estamos viviendo. Hay muchas y diferentes patologías a las cuales hay que saber enfrentarse. Por suerte, la profesionalización del sector está cada vez más presente y los trabajadores se forman para estar al día, pero aún queda mucho por hacer y sí, efectivamente, considero que somos el último eslabón de la cadena. A los difuntos se les debe de higienizar y desinfectar, realizar prácticas sanitarias como taponar las vías superiores y en muchos casos realizar tanatopraxias, conservaciones o embalsamamientos. Todas estas acciones se pueden considerar prácticas sanitarias. De hecho, hasta hace relativamente poco, en muchos lugares las conservaciones y embalsamamientos las realizaban los médicos. Así que es de perogrullo que somos parte de la cadena.

– Vivimos una alerta sanitaria. ¿Qué medidas se tienen que poner en práctica en un tanatorio?

J.F. –  Si seguimos las recomendaciones del protocolo del Ministerio de Sanidad, el peligro de contagio lo tienen los compañeros que realizan la recogida del difunto en el momento que el difunto se coloca en la bolsa sanitaria estanca. Hay hospitales que esta operación la realiza el propio personal del hospital, pero en muchos casos los traspasos se producen en residencias, centros sociosanitarios o en domicilios. Allí es donde nuestro personal entra en contacto con el fallecido. Es en ese momento cuando existe el peligro de contagio. Aconsejo que antes de introducir al difunto dentro de la bolsa sanitaria estanca, se impregne al fallecido con desinfectante. Una vez colocado en el ataúd, deberemos volver a desinfectar el féretro también. Es a partir de ese momento cuando las posibilidades de contagio se minimizan. Como ya es sabido por todos, la velación de un difunto por COVID-19 está prohibida. Una vez que el fallecido está en el féretro, éste no se debería de volver abrir para evitar el contagio entre los familiares y amistades. Seguramente un familiar de un enfermo por COVID-19, por el simple hecho de convivir con la persona infectada, tiene muchas probabilidades de estar también infectado. Si se reuniesen los familiares y amigos en el tanatorio, las posibilidades de contagio entre ellos y nuestro personal sería muy alto y no podemos permitirnos poner en riesgo a nuestros compañeros y trabajadores.

– Ante un caso de fallecimiento por Coronavirus, ¿qué protocolos se deben aplicar para evitar el contagio en el itinerario de un servicio funerario? 

J.F. –  Siempre, en todos los casos, debemos de utilizar los EPI. Debemos tener claro que nos enfrentamos a una enfermedad “nueva”, mayor motivo para hacer uso de los EPI necesarios para hacerle frente y estar protegidos. Si seguimos el protocolo del ministerio y los propios de las empresas funerarias, no debería de pasar nada, pero siempre debemos tener claro que estamos expuestos. El tema es muy serio. De la misma manera, los compañeros que tienen trato con los familiares de estos difuntos también deben de afrontar la situación y saber que ellos también están expuestos. Hay que estar protegidos, mantener la distancia de seguridad entre las personas y evitar el contacto físico además de lavarse con frecuencia las manos. Ya hay comunidades autónomas que han cerrado los tanatorios de cara al público y no se realizan ningún tipo de velación ni ceremonia. En el resto, se siguen haciendo actos de despedida. En estos casos, hay que tener la máxima consideración sobre la situación que estamos viviendo y es muy importante utilizar el sentido común.

“Siempre, en todos los casos, debemos utilizar los EPI para hacerle frente y estar protegidos”

– Los EPI son elementos cruciales para evitar la propagación de esta y otras infecciones, ¿por qué cree que está siendo tan complejo el abastecimiento?

J.F. –  Bajo mi opinión personal, como estoy mostrando en todas las preguntas, vivimos en una sociedad que se enfrenta a sus problemas día a día y poco pensamos en el futuro. Creo que somos muchos los que pensábamos que algo así nunca pasaría. En el Estado, a día 24 han fallecido 2.696 personas y hay miles de infectados. ¿Quién podía vaticinar algo así? Estoy seguro de que si la situación fuese la de hace tan solo un mes atrás, todas las empresas funerarias tenían y podían asumir todos los EPI necesarios para su personal y afrontar todos los servicios. La avalancha de enfermos ha desbordado a los hospitales y personal sanitario de primera línea. Es lógico que se centralicen las necesidades y se prioricen, pero las autoridades deberían acordarse del personal funerario que también se expone al riesgo de infectarse al realizar su trabajo y necesitamos EPI.

– Se están celebrando despedidas en circunstancias excepcionales, sin velatorio y en soledad. ¿Qué medidas se están tomando para atender las necesidades de las familias?

J.F. – Las familias son conscientes de la situación y en muchos casos son ellas mismas las que se marcan las limitaciones y actúan con responsabilidad. Cada empresa funeraria tiene sus normas además de las impuestas por el decreto de alarma. Todas se aplican pensando siempre en las familias y en los trabajadores.

«Es muy cruel perder a un ser querido por esta enfermedad. Los enfermos mueren solos por tener que estar aislados»

– La palabra “aplazado” está invadiendo todas nuestras actividades cotidianas ¿se puede aplazar el duelo?

J.F. – No, es muy cruel perder a un ser querido por esta enfermedad. En la mayoría de los casos, los enfermos mueren solos por tener que estar aislados. Según el protocolo de Sanidad, se debe permitir entrar en la habitación aislada del finado a los familiares directos y amigos para que puedan despedirse, siempre sin tocar al difunto ni las superficies y estar protegidos por los EPI pertinentes. Si se tiene esta oportunidad (la complejidad de muchos hospitales hace que sea imposible) será la última vez que vean a su familiar o amigo. Como ya he dicho, en estos casos no hay posibilidad de velarlos ni realizar ceremonia de despedida. Posiblemente debemos de empezar a pensar, cuando todo termine y la situación social vuelva a la normalidad, que a todos ellos se les pueda hacer un homenaje o acto. No solamente para honrar a la memoria del fallecido, también para ayudar a las familias a llevar mejor su duelo.

–  Combina su pasión por la tanatopraxia con el arbitraje. En su opinión ¿quién merece una tarjeta roja ante esta crisis sanitaria?

J.F. –  Creo y parto de la base de que todo el mundo actúa pensando que hace el bien para él y para los demás. Los ciudadanos deben de saber que esto va en serio y se debe de salir lo menos posible a la calle, ser disciplinados, lavarnos las manos con asiduidad y ponernos lo menos posible en riesgo. Tan sólo quiero recriminar y sacaría una tarjeta amarilla a alguna autoridad sanitaria que públicamente y en programas de televisión decían que le preocupaba más la gripe convencional que el Covid-19. ¡Ah! Y tened claro que, si yo pudiera, me quedaba en casa. ¡Ya que yo no puedo y mis compañeros tampoco, quédate tú en casa!

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Entrevista a Jordi Fernández Entrevista a Jordi Fernández

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“El regalo de la muerte”

LONDRES. _ Anoche mantuve una entrevista con el Dr Thomas Lodi, un oncólogo integrativo con clínicas en EEUU y Tailandia. Conversamos durante más de una hora sobre los diferentes aspectos del cáncer y los tratamientos que él emplea.

El Dr Lodi combina tratamientos tradicionales con alternativos y ha creado una visión de la enfermedad un tanto diferente a la tradicional: ‘el cáncer es un intento de nuestro organismo de sobrevivir ante un estilo de vida nocivo’, postula. El trabajo que realiza con sus pacientes consiste en cambiar ese estilo de vida a muchos niveles: nutrición, ejercicio físico, meditación, yoga, etc. Afirma que una vez reemplazado el estilo de vida por uno más saludable, la tasa de remisión se estima entre un sesenta y un setenta por ciento.

A medida que avanzaba la entrevista le pregunté cuál era el factor que marcaba la diferencia entre aquellos que se curaban y los que no. Tras una larga pausa se aventuró a decir que en su opinión, los que acababan sanando eran aquellos que veían la enfermedad como una llamada para transformar su vida. Me contaba que aquellos que se rinden al momento presente, sin esperar nada, sin buscar la curación; aquellos que viven el momento en estado de gratitud y con la conciencia de que estar vivo es el mayor milagro y regalo que existen, son los que se sanan. La sanación, proseguía, es llegar a este estado y no la desaparición de la enfermedad, aunque ésta es producto de aquella.

Durante mi carrera en cuidados paliativos, he observado algo parecido. Los familiares con los que he trabajado transformaron sentimientos de culpa o resentimiento y los canalizaron de una manera más sana. Sin embargo, todos los pacientes paliativos con los que trabajé han muerto.

A pesar de que el resultado final es el mismo para todos ellos, considero que algunos “sanan” y otros no. Curiosamente, y sin haberlo verbalizado de esta manera antes de entrevistar con el Dr Lodi, mi pensamiento seguía la misma línea.

Hay pacientes que tras pelearse con su diagnóstico durante mucho tiempo llegan a acoger su enfermedad como un proyecto en el que trabajar. El proyecto depende de las circunstancias individuales de cada uno. Para algunos se centra en resolver problemas de relación con su pareja que han estado latentes durante años. Para otros, se trata de dejar de intentar controlar el futuro.

Algunos deben perdonar o perdonarse por algo y, en fin, las tareas son innumerables.

Aquellos pacientes que eligen darse a su tarea respectiva son los que consiguen resolver sus problemas, los que mantienen conversaciones importantes y transformadoras y pueden llegar a morir rodeados de un cierto aire de euforia. Son personas que consiguen empezar a apreciar cada momento de su vida como un regalo, y aunque resulte paradójico, desarrollan un sentimiento de gratitud hacia la enfermedad.

En este estado de gozo, las prioridades cambian. El dinero, el trabajo y los bienes materiales dejan de tener importancia y la balanza se inclina hacia las relaciones personales, hacer el bien, la compasión y son capaces de encontrar belleza casi en cualquier lugar.

“Consideran el propio camino hacia la muerte como una oportunidad para tener una experiencia plena y satisfactoria.”

En nuestra sociedad actual, tendemos a concebir la muerte como algo sórdido y sinsentido, lo cual deriva en sentimientos de ansiedad y terror cuando ésta se aproxima. Sin embargo, estos pacientes de los que hablo, no sólo eligen una visión más alentadora, sino que consideran el propio camino hacia la muerte como una oportunidad para tener una experiencia plena y satisfactoria.

Desde mi punto de vista, esta experiencia de gratitud, gozo y compromiso con la vida y el amor por ella se convierten en una experiencia sanadora.

En el campo de los tratamientos alternativos y con sus métodos menos invasivos, la sanación personal resulta en la curación de la enfermedad, según afirma el Dr Lodi.

Sin embargo, en el campo de los cuidados paliativos los pacientes de cáncer han sido apaleados por métodos invasivos como la cirugía, la radiación y la quimioterapia. A pesar de ello, la sanación personal es posible para aquellos que estén dispuestos a entregarse de pleno al proceso.

La realidad es que una enfermedad grave como el cáncer puede ser catalizadora de una experiencia de “muerte del Ego”, como la describen personas como Stanislav Groff o Aldus Huxley. Cuando sufrimos una gran crisis en nuestra vida, gran parte del sufrimiento que afrontamos deriva del hecho de que nuestra identidad se ve amenazada. Es decir, es nuestra idea sobre nosotros mismos la que se ve en peligro. Por el contrario, aquello que a veces llamamos nuestro Ser no puede verse nunca amenazado, ya que nuestro Ser no es más que el proceso continuo de seguir siendo, momento a momento. Al igual que en el caso de una bellota, cuya semilla se encuentra encerrada dentro de la cáscara, es necesario romper el caparazón para poder convertirse en planta y después de un tiempo en un roble magnífico. Sin romper el caparazón, la semilla no es más que un roble en potencia que no se ha manifestado todavía. Diferentes culturas han creado ritos de iniciación para facilitar una muerte del Ego para sus iniciados y para desatar la semilla que se encuentra en ellos. Nuestra cultura de hoy día no alberga este tipo de ritos y pienso que por ello hay gente que se enfrenta a una gran crisis por primera vez cuando se enfrenta a su muerte. Desafortunadamente carecemos de herramientas para apoyar a las personas durante este proceso. Durante mi carrera profesional he observado a gente que decidió no entregarse al proceso por miedo a perder su identidad y “volverse locos”. Aquellos que, por el contrario, decidieron transformar su vida, se dieron cuenta de que la locura era la forma en la que habían vivido hasta entonces. Tanto unos como otros murieron, pero unos murieron habiendo realmente abierto los ojos y sus corazones a la Vida.▗

URTZI CRISTÓBAL _ PSICÓLOGO ESPECIALISTA EN CUIDADOS PALIATIVOS Y DUELO

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Complementos para el recuerdo de la mano de Sortem

La firma cuenta en su catálogo con creaciones como ‘Momentos compartidos’ o minerales que contienen cenizas

Tener claro el papel de la despedida y el camino del duelo en la pérdida de un ser querido es fundamental para poner en valor el aspecto emocional en todo lo relacionado con el recuerdo. Precisamente éste es un aspecto muy presente en los complementos para el recuerdo de Sortem, que nacía hace cinco años con el objetivo de explorar la diversidad existente del rito funerario en el mundo y captar ideas renovadoras, adaptarlas y convertirlas en nuevas propuestas para el servicio funerario que ayuden a su crecimiento.
El cajón del olvido de la memoria está lleno de palabras e imágenes que se quedan guardadas sin ser contadas, según explican desde la compañía. Para poder recuperar de forma sencilla y directa esos sentimientos y regalárselos a las personas que nos dejan, nace ‘Momentos compartidos’, compuesto por un sobre, una tarjeta y una pulsera de hilo. Al tirar de la pulsera, se saca del sobre una nota de papel en la que podemos escribir lo que queremos compartir y guardarlo de nuevo. Por otro lado, la pulsera, pensada para ser anudada en la muñeca, es el recordatorio que queda cuando la despedida ha finalizado. “Momentos compartidos nace con el objetivo de hacer una despedida y decir algo que se quedó sin decir, plasmando lo que esa persona significaba para nosotros.”

La participación en este homenaje está abierta a todas las personas que se encuentran en la ceremonia, pudiendo así expresar su recuerdo y llevarse en forma de pulsera un pequeño lazo que les une a la persona que acaban de despedir.

“Sortem tiene como objetivo explorar la diversidad existente del rito funerario en el mundo, captar ideas renovadoras y convertirlas en nuevas propuestas”

Minerales que conectan  “Conectar con tu propia energía en un momento en que el estado de ánimo es bajo siempre es algo sano y aconsejable. En este sentido, las propiedades de los minerales, la textura, el tallado y su belleza natural son cualidades que favorecen esa conexión interior.”
Por ello, Sortem ha creado una colección de minerales para el recuerdo, configurada por una cuidada selección de piezas que agrupan todas esas cualidades. Cuarzo blanco, cuarzo rosa, cuarzo verde, amatista, hematite y carneola son las variantes que han sido elegidas para mantener presente el recuerdo de las personas que nos han dejado. Cada mineral, de tamaño reducido, contiene un depósito destinado a albergar cenizas, convirtiéndose en un discreto y pequeño relicario con el que siempre poder conectar y sentir a través del tacto esa conexión.

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Momentos Compartidos

La memoria de una vida juntos

 

SORTEM. – Momentos Compartidos es un concepto novedoso que permite escribir un mensaje personal de despedida, dejarlo al lado del ser querido y llevarse una pulsera como recuerdo del momento vivido juntos, quedando un símbolo que nos liga y nos une a través de un hilo. «Es una apuesta por un producto pensado para ser un servicio de atención a las familias en el camino de la despedida.»

“Momentos Compartidos que permanecerán en nuestra memoria”

El producto se presenta a partir de un sobre que contiene un folio plegado para poder escribir. Esta nota sobresale del sobre unido al cordón (pulsera de hilo) que impide que se introduzca dentro. Una vez extraída la pulsera, se puede desplegar la nota, escribir el momento compartido e introducirla en su totalidad en el sobre sin que el cordón se lo impida.

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