¡Regresamos a Lisboa! // Formación Práctica en Tanatopraxia

🚋🚋🚋 ¡Regresamos a Lisboa! Desde Sortem hemos iniciado el proceso de regreso a la actividad formativa presencial. Por eso, ponemos en marcha una nueva convocatoria de la Formación Práctica en Tanatopraxia en Lisboa. 

¡Reserve ya su plaza! 29, 30 y 1 de Octubre

Un Plan Formativo de Tanatopraxia orientado al profesional funerario, eminentemente práctico y basado en la puesta en común de experiencias, bajo la tutela o seguimiento de un profesional especializado. La idea es adquirir conocimientos mediante la consecución de casos prácticos reales.

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Tiempo de Verano

Desde Sortem os informamos que con motivo de las vacaciones de verano, nuestra oficina permanecerá cerrada del día 10 al 23 de agosto. Para efectuar cualquier pedido, rogamos realizarlo antes del día 25 de julio para poder garantizar su entrega. ¡Feliz Verano! #nuevanormalidad

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Momentos: Comunidad digital

Hace poco impartí un curso a profesionales del sector funerario con el objetivo de ofrecer un apoyo muy necesario tras el desbarajuste del COVID-19.

El estado de alarma mundial me ha obligado a adaptar todo mi trabajo al mundo digital y utilizar plataformas como Zoom para poder ofrecer terapia, supervisión y formación online. Afortunadamente, los dos últimos meses me han brindado la oportunidad de practicar uno de mis trabajos, el de docente universitario, mediante dicha plataforma digital, con buenos resultados.

Por tanto, pude llevar a cabo el curso mencionado sin mayores problemas. Sin embargo, pude observar que tomaba un carácter más de monólogo de lo que lo haría en formato presencial. El contenido reconocía de manera temprana el cambio tan radical en las reglas de juego a cuenta del COVID-19, y por consiguiente el desarme al que se enfrenta el profesional a la hora de realizar su trabajo diario. Los protocolos, las costumbres y las técnicas personales de protección psicológica, entre otros, no sirven durante la época de la pandemia.

Del mismo modo, la identidad personal y profesional de cada uno se forma en entornos relativamente estables. Es decir, cada persona responde de manera más o menos parecida ante situaciones similares. Por esta razón, decimos de una persona que habla con cualquiera y que busca el contacto social con otros que es una persona extrovertida y sociable. Por el contrario, la persona que tiende a aislarse en su soledad, decimos que es una persona introvertida o solitaria.

Una vez que una persona elabora patrones relativamente repetitivos en situaciones parecidas, todos los de alrededor la conocen de una manera determinada. Y lo que es más importante, esa persona se conoce a sí misma de esa manera determinada. La constancia de esa forma de ser es la que conocemos coloquialmente como carácter o identidad. Uno es buen padre, buen trabajador, amigo de sus amigos, etc., en una serie de circunstancias concretas. 

Sin embargo, este sentido de la identidad o carácter puede verse muy comprometido en situaciones inestables. Es decir, la persona se sorprende a sí misma respondiendo a situaciones cotidianas de manera inesperada, o en otras palabras, de manera en la que no se conoce a sí misma. Siguiendo el ejemplo anterior, uno se vive a sí mismo como mal padre, trabajador incompetente o mal amigo. Este tipo de sentimientos pueden ser difíciles de digerir, ya que uno puede desarrollar la sensación de que está perdiendo la cordura. O, peor todavía, alguna de las decisiones que puede acabar tomando en una situación concreta pueden desembocar en un daño moral. 

El daño moral se materializa cuando uno se comporta de manera que va en contra de sus valores personales. Por ejemplo, uno puede acabar negando a un niño la petición de recuperar el collar de su madre, víctima de virus, una vez el féretro se haya sellado. El daño moral puede ser el precursor de problemas más graves como el Trastorno de Estrés Post Traumático, etc. 

Finalmente, el curso también abordaba el tema del duelo, ya que aquellos profesionales de “pura sangre” que hacen su trabajo de corazón pueden haber sentido que se les despertaban sus propias reacciones de duelo ante las pérdidas que han sufrido durante la pandemia. El duelo es el proceso que se desencadena ante una pérdida, pero al contrario de lo que se piensa comúnmente, esta pérdida no tiene porque limitarse únicamente a la de un ser querido. También puede referirse a la pérdida de seguridad, a la capacidad de hacer un trabajo bien hecho, a la pérdida de libertad, etc. 

El sector funerario es el último eslabón en la cadena sanitaria y desafortunadamente no siempre cuenta con este reconocimiento. Por desgracia, los profesionales de este sector no han contado con los mismos apoyos psicológicos con los que han contado otras profesiones sanitarias. Es por ello que decidí ofrecer este curso online en reconocimiento a los trabajadores que se han enfrentado valientemente a situaciones potencialmente traumáticas y con consecuencias personales devastadoras. 

A pesar de los buenos resultados a la hora de impartir este curso digital, pude confirmar algo que he podido observar en mi rol de docente universitario: la pérdida de la interacción humana entre los asistentes. La camaradería no es la misma y el apoyo que ofrece un grupo de personas que pueden sintonizar y empatizar con la realidad personal del asistente se ve comprometido. 

El grupo y las interacciones personales que éste ofrece son un recurso tan valioso como el contenido del curso mismo y con el objetivo de tapar este hueco decidí hacer un ejercicio en grupos reducidos en la que los participantes contrastaron experiencias. Hasta ahora, habían permanecido mayoritariamente en silencio y mis preguntas apenas recibían respuesta. 

Una vez hubo culminado el tiempo asignado para esta tarea, los llamé de vuelta a la sala principal y la protesta fue unánime: todos querían más tiempo en grupos pequeños para hablar con compañeros. La dinámica cambió para lo que restaba de curso y la necesidad de conectar con los otros participantes se hizo cada vez más palpable. Cuando llegamos al final, varios miembros solicitaron el intercambio de direcciones de correo electrónico  para permanecer en contacto.

El trabajo en el sector funerario puede ser muy duro, sobre todo en épocas como las que vivimos. El COVID-19 no ha afectado a todas las zonas del mundo al mismo tiempo y debido a que la asistencia a este evento era intercontinental, había asistentes en países que estaban saliendo de la ola pandémica mientras que otros se encontraban en lugares donde ésta estaba en pleno auge. 

«Es la proximidad física la que puede derivar en contagio, no la proximidad social»

Sin embargo, la necesidad de conectar con otros era mayor que simplemente práctica. Las personas necesitamos compartir experiencias, ganar aprobación, consultar dudas, sentirnos comprendidos. Por un lado somos personas sociales y necesitamos de otros para poder florecer. Por otro lado, el autoapoyo y el cuidado personal son responsabilidad nuestra y debemos tener claro que no podemos ayudar a otros cuando no nos sentimos fuertes. Es, por tanto, especialmente importante que seamos críticos con el uso del lenguaje que se nos ofrece en una situación como la que afrontamos.

Una situación nueva va frecuentemente acompañada de nuevos términos que adoptamos rápidamente. Sin embargo, estos términos no son siempre adecuados. El distanciamiento social no es realmente un distanciamiento social, sino físico. Es la proximidad física la que puede derivar en contagio, no la proximidad social. Desde que se inició el estado de alarma mi contacto físico se ha visto reducido de marera drástica. Sin embargo, la tecnología y las diferentes plataformas digitales a mi disposición han hecho que mi vida social se haya visto igual o más ocupada que antes.

No dejemos que la comunidad y el apoyo necesario para enfrentarnos a nuestros trabajos diarios desaparezcan debido al “distanciamiento social”. Creemos redes, grupos, foros y formaciones que nos permitan seguir en contacto con nuestros compañeros y sentir una plenitud limitada únicamente por nuestra creatividad.

Al fin y al cabo, si nos sentimos aislados y carentes no solo sufriremos nosotros, sino también nuestros clientes y, como decía uno de los participantes del curso, en nuestro trabajo solo tenemos una única oportunidad para hacer las cosas bien.

Junio _ 2020

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Momentos: Comunidad Digital Momentos

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Webinar: Gestionar emociones en tiempos revueltos

GESTIONAR EMOCIONES EN TIEMPOS REVUELTOS

WEBINAR GRATUITO

JUEVES 18 DE JUNIO DE 18:00H A 19:00H

Ponente: Iván García López _ Coach Integral de Salud Organizacional

Inscripición: formacion@sortem.es

El Coronamundo no deja indiferente a nadie y ha impactado directamente en el sector funerario que es pieza clave en la lucha contra el virus. ¿No nos merecemos aplausos también? Claro que sí. Por eso quiero compartir contigo claves prácticas que te ayuden, en tu día a día, a gestionar las emociones en esta «nueva anormalidad». ¿Te apuntas?

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El COVID-19: Un cambio radical del entorno funerario – Nuevo Curso OnLine

Curso OnLine en directo. 6 horas repartidas en tres sesiones.

Formador: Urtzi Cristobal. Psicólogo especialista en duelo y cuidados paliativos

OFERTA LANZAMIENTO DEL CURSO: 90€

21, 22 y 25 de mayo. De 17h a 19h todas las sesiones.

TOTAL DEL CURSO 6 HORAS REPARTIDAS DURANTE 3 DÍAS EN MODALIDAD ONLINE EN DIRECTO EN LA PLATAFORMA ZOOM. ABIERTA LA RESERVA DE PLAZAS. INCLUIDO MATERIAL DE APOYO DEL CURSO Y CONSULTA ONLINE CON EL FORMADOR. Inscripción: formacion@sortem.es

Una situación excepcional como la del COVID-19 transforma todos los ámbitos de la vida cotidiana, incluida la manera que cuidamos de los difuntos y sus familias.

El hecho de que las herramientas cotidianas con las que cuenta el profesional funerarios no estén disponibles en tiempos de crisis, fomenta la sensación de impotencia, además de la sensación que no se esté haciendo suficiente por la gente que más lo necesita.  

Este curso permitirá al profesional funerario comprender sus reacciones, contextualizarlas y sobre todo, ayudará a cortar la cadena de experiencias que puedan resultar en problemas más graves como el síndrome de estrés postraumático.

Los asistentes aprenderán a identificar la correlación entre su experiencia y las circunstancias de su entorno inmediato, así como a reconocer su propio proceso de duelo.

Además, tendrán la oportunidad de compartir sus experiencias con sus compañeros de manera que puedan ponerse en contexto y ser expresadas de manera segura.

TEMARIO GENERAL PARA LAS 3 SESIONES

  • Cambio de reglas de juego
  • ¿En qué consiste la labor del funerario?
  • Identidad (personal y laboral) del funerario      
  • Desequilibrio entre el profesional y el entorno
  • La interrupción en situaciones donde el apoyo habitual no está disponible en el servicio funerario
  • Dinámicas grupales: Variables estresantes extremas
  • El conflicto en situaciones de estrés
  • El miedo y su dominio – mindfulness 
  • Reconoce tus reacciones de duelo
  • Las diferentes pérdidas a las que se enfrenta el profesional funerario
  • Apoyo en tiempos de duelo
  • Burnout – síndrome de fatiga de compasión

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Momentos: Carga

El profesional funerario lleva ya de por sí una carga bastante pesada en circunstancias normales.

El hecho de que la sociedad no nos equipa con las herramientas necesarias para gestionar la muerte como un evento natural tiene una incidencia directa en nuestro sector: la intensidad de las reacciones ante la pérdida, además de asuntos inconclusos y conflictos familiares se amplifican de manera significativa.

Cualquier profesional que lleva años trabajando en el sector ha desarrollado un arsenal de mecanismos para protegerse del impacto emocional que pueda generarle su trabajo. Algunos de estos conflictos emocionales pueden ser el miedo a su propia muerte, la pérdida de un ser querido, la sobre identificación con la otra persona, etc. Sin embargo, la experiencia adquirida durante años le permite aprender a desensibilizarse en los casos que le tocan de cerca, a justificarse cuando aflora la duda sobre si ha hecho lo correcto o de proyectar su sentimiento de impotencia sobre los dirigentes, por ejemplo, en forma de incompetencia percibida.

En otras palabras, el estar expuesto a sentimientos de tal intensidad deriva en una carga emocional difícil de encajar en el mejor de los casos. Sin embargo, las herramientas que nos protegen de esta carga en situaciones normales y de estabilidad no funcionan en tiempos de inestabilidad, donde la normalidad reina por su ausencia.

La semana pasada tuve el privilegio de dirigir un grupo de apoyo a profesionales del mundo funerario en más de 5 países. Los asistentes utilizaron el foro para compartir sus inquietudes y sus dificultades con compañeros del sector. Algunos de los testimonios albergaban experiencias potencialmente traumáticas, incluso para alguien que está relativamente acostumbrado a enfrentarse a situaciones duras. Fue un encuentro humano y muy emotivo.

La impotencia es un sentimiento muy difícil de digerir. Trata de evadirse, genera distracciones y desvía la atención a la ira y a la injusticia.

Los asistentes tenían claro que durante la locura que acompaña la pandemia, abordaban la situación sin pensar demasiado ni saber muy bien hacia donde tirar. En zonas geográficas que han sido afectadas más tarde que otras, los directivos han incorporado el aprendizaje derivado de estas otras. Pero, aun así, la consternación sigue siendo generalizada.

Como ante cualquier tragedia, los asistentes han sido testigos de un evento aterrador, día tras día, y se han encontrado incapaces de hacer nada al respecto. La impotencia es un sentimiento muy difícil de digerir. Trata de evadirse, genera distracciones y desvía la atención a otros sentimientos menos incómodos como la ira y la injusticia. Sin embargo, reconocer la impotencia y darle lugar para existir es el primer paso que desencadena nuestro proceso de duelo personal.

A pesar de la fama con la que cuenta el sector funerario, mi experiencia me dicta que son muchos los profesionales que hacen su trabajo de corazón, gente que se implica de verdad con familiares que están pasando una situación emocional difícil. Gente que se preocupa por sus clientes y su bienestar, que se lleva los sentimientos a su casa y que algunas veces le pesan a las 3 de la mañana.

Uno de los trabajos del funerario es dignificar al difunto y a su familia para que pueda darse una despedida significativa que ayude al familiar a cerrar una etapa emocional y adentrarse en otra. Para ello, las funerarias se encargan de la presentación del difunto, ofrecen espacios adecuados para fomentar una buena experiencia y llevan a cabo ritos que faciliten una buena despedida.

Sin embargo, las herramientas que utilizan los trabajadores no están disponibles durante la pandemia: los difuntos no se pueden preparar, los familiares no acuden a despedirse de su ser querido y los funerales ya no se celebran como se han hecho siempre.

A pesar de ello, los profesionales de corazón, aquellos que aman su trabajo, han decidido dar la talla y crecerse ante una situación que pide más de ellos. Saben que muchos de los difuntos han muerto solos, sin familiares y sin que nadie les sujetara la mano durante sus últimos instantes de vida. No obstante, en vez de resignarse a este hecho, han decidido aportar su grano de arena y despedirse del difunto de parte de sus familiares ausentes. Mediante este hecho, los trabajadores están apelando tanto a la humanidad del difunto como a la suya propia. Se despiden del difunto sabiendo que tienen la obligación moral de comportarse con él de la misma manera que les gustaría que se comportaran con ellos si estuvieran en la misma situación. Colocan una flor sobre el féretro y le desean una buena transición, a donde sea que vayan los muertos.

Con este proceso dignifican una vez más al difunto y a su familia. Han encontrado una manera de adaptarse y llegar al mismo objetivo reinventando el proceso. No obstante, todos reconocen un hecho al unísono: todo lo que están viviendo ahora, pasará factura cuando esto acabe.

En primer lugar, me gustaría agradecer a todos los profesionales que se están dejando la piel cada día para ofrecer una despedida digna. Al fin y al cabo, lo hacen por nosotros y nuestros seres queridos. Y en segundo y último lugar, quisiera apelar a la obligación moral que tenemos todos aquellos que podemos apoyar al sector funerario. La factura llegará y debemos estar ahí para ellos cuando sea el caso. Como decía al inicio del artículo, los trabajadores de la funeraria están acostumbrados a llevar una carga, que deriva de una dificultad social hacia la muerte y no les pertenece solo a ellos. Es hora de que los que podamos ayudar aliviemos su carga.

Abril _ 2020
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Momentos: Supervivencia

Corren tiempos muy difíciles.

Hace tiempo que vengo hablando sobre algunas consecuencias que derivan del hecho de que la muerte es un gran tabú en nuestra sociedad. En circunstancias normales, las deficiencias culturales han producido muchas situaciones más que tensas en el tanatorio, donde el profesional funerario se encuentra con familiares que no han hablado ni afrontado su situación. Incluso cuando la muerte de su ser querido era más que anunciada.

Sin embargo, ahora nos encontramos con un escenario completamente diferente. Hay gente que describe este periodo marcado por la pandemia del COVID-19 como un periodo de guerra. A pesar de que no estamos en guerra, algunas de las similitudes son aparentes y, si me lo permites, quisiera ahondar en algunas de ellas que guardan un lazo con el mundo de la muerte.

En tiempos de normalidad, disponemos de procesos regulares y planificados que permiten una buena muerte. Disponemos de asistencia sanitaria organizada, de servicios funerarios profesionales y efectivos que se encargan del aspecto práctico tras la muerte o de pólizas de seguro que marcan claramente las líneas sobre sus prestaciones. Aun así, la muerte se vive casi siempre como algo traumático, a pesar de que en numerosas ocasiones va precedida por un proceso de enfermedad largo.

Sin embargo, en tiempos de urgencia como los que vivimos, los procesos normalizados que empleamos son mayoritariamente ineficaces. No por incompetencia del sistema, sino porque tales procesos no están diseñados para hacer frente al escenario actual.

Por tanto y, a pesar de sus esfuerzos, tanto los servicios sanitarios como los funerarios se quedan cortos al cubrir las necesidades de sus usuarios. En una situación de transformación constante en la que las directrices del gobierno cambian casi de manera diaria, impera la incertidumbre. La demanda se ve aumentada por el incremento en el número de muertes y los recursos disminuidos por trabajadores en cuarentena.

Una de las primeras facultades que desaparece en tiempos de urgencia es la capacidad de reflexión y planificación. Es por ello que los planes de evacuación en caso de incendio se forjan en tiempos de tranquilidad. Cuando llega el incendio, solo se puede reaccionar.

Una de las primeras facultades que desaparece en tiempos de urgencia es la capacidad de reflexión y planificación.

Hoy día, nos encontramos en una situación de emergencia y sin precedentes. Es seguro que las últimas despedidas de las víctimas del COVID-19 no ocurran. Que los funerales, entierros o incineraciones, junto con los demás ritos que hemos creado para cerrar capítulos en nuestras vidas no lleguen a materializarse. Tanatorios vacíos, salas de espera desiertas, palacios de hielo llenos de fallecidos esperando su turno.

El trauma característico de la muerte, evitable en gran medida en tiempos de normalidad, se vuelve tan inevitable como generalizado en la situación actual. El pánico y los sentimientos no canalizados mediante rituales derivan en una falta de empatía, haciendo que uno no tenga capacidad de sintonizar con el dolor de otro porque uno ya tiene bastante con el suyo.

Tal y como sucede en tiempos de emergencia, el sueño de prosperar es demasiado ambicioso y uno solo puede pensar en sobrevivir. La tragedia es inevitable y las vivencias traumáticas difíciles de esquivar. Hay que esperar a que pase el peligro.

La secuela de lo vivido y las consecuencias psicológicas de haber presenciado un evento como éste se manifestarán una vez que haya pasado. El duelo llegará en una de sus múltiples encarnaciones, ya sea como un duelo complicado o como un trastorno de estrés postraumático.

En el futuro, tendremos que hacer especial hincapié en crear sistemas y procesos que permitan canalizar los sentimientos masivos almacenados. Tendremos que aprender a vivir y aceptar la vulnerabilidad que acompaña al ser humano, simplemente por ser mortal, desde su nacimiento hasta el fin de sus días.

Sin embargo, mientras dure la pandemia, lo único que nos queda es poner conciencia en el momento presente. Vivir el momento como si fuera a ser nuestro último y verlo como un regalo. Por eso se llama presente.

Por tanto, aprovecha para llamar a tus seres queridos y diles que los quieres. Llama a aquellos con quienes tengas un asunto pendiente y ciérralo. Pide perdón a quien se lo tengas que pedir y agradece a quien le tengas que agradecer.

Si se da el caso de que alguno no sobreviviera a la epidemia, tu relación con ellos habrá terminado con los asuntos tan cerrados como puedan estar. Aún te quedará el dolor, pero habrás creado un duelo más limpio. Sin embargo si, el día de mañana cuanto termine todo esto, tienes la suerte de reunirte con alguno en persona, fúndete con él o ella en un abrazo y celebra que todavía os queda tiempo juntos.

El tiempo que te queda con tus seres queridos, durante la pandemia o después, es casi irrelevante. Lo importante es lo que hagas con ese tiempo.

Abril _ 2020
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Momentos: Supervivencia Momentos_4

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“El trato sanitario y emocional con la muerte no acaba en el hospital”

JORDI FERNÁNDEZ. Responsable de Tanatopraxia de SFB – Grupo Memora. Tanatopractor. Exárbitro de fútbol y vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros de la F.C.F.

Los profesionales funerarios, entre los que estamos los tanatopractores, somos los últimos actores que intervienen en la cadena sanitaria en un fallecimiento. Durante décadas, las autoridades competentes han obviado que la cadena sanitaria y la prevención no se acaba en el hospital. La crisis del COVID-19 está poniendo a prueba a todos los sectores, también al nuestro.

BARCELONA – MARZO 2020

– El COVID-19 ha tensionado a todos los sectores. ¿Cómo ha afectado al sector funerario?

JORDI FERNÁNDEZ. – El sector funerario y sobre todo sus trabajadores están demostrando durante estos días tan duros la gran responsabilidad que tenemos. Durante los primeros días de la pandemia, poca gente sabía a qué nos íbamos a enfrentar. En poco tiempo, ya conocemos muchas cosas de esta enfermedad y cómo actuar con seguridad frente a ella. La capacidad de adaptación de los profesionales funerarios es magnífica y nos permite enfrentarnos a cualquier situación como la que estamos viviendo. Estoy seguro de que las empresas funerarias hacen frente, actúan y se rigen bajo protocolos propios, además del protocolo del Ministerio de Sanidad. La profesionalidad de los empleados del sector destensa la situación y, durante estos días tan complicados, estamos doblando turnos, enfrentándonos a situaciones complejas e intentamos ofrecer el máximo respeto y cariño a las familias.

– Se está extendiendo un grito a voces que reivindica que sois el último eslabón de la cadena. ¿Qué significa esta situación?

J.F. – Por desgracia, hoy por hoy, cualquier persona en nuestro país puede manipular el cuerpo de una persona difunta. Esto es una barbaridad y más en los tiempos que estamos viviendo. Hay muchas y diferentes patologías a las cuales hay que saber enfrentarse. Por suerte, la profesionalización del sector está cada vez más presente y los trabajadores se forman para estar al día, pero aún queda mucho por hacer y sí, efectivamente, considero que somos el último eslabón de la cadena. A los difuntos se les debe de higienizar y desinfectar, realizar prácticas sanitarias como taponar las vías superiores y en muchos casos realizar tanatopraxias, conservaciones o embalsamamientos. Todas estas acciones se pueden considerar prácticas sanitarias. De hecho, hasta hace relativamente poco, en muchos lugares las conservaciones y embalsamamientos las realizaban los médicos. Así que es de perogrullo que somos parte de la cadena.

– Vivimos una alerta sanitaria. ¿Qué medidas se tienen que poner en práctica en un tanatorio?

J.F. –  Si seguimos las recomendaciones del protocolo del Ministerio de Sanidad, el peligro de contagio lo tienen los compañeros que realizan la recogida del difunto en el momento que el difunto se coloca en la bolsa sanitaria estanca. Hay hospitales que esta operación la realiza el propio personal del hospital, pero en muchos casos los traspasos se producen en residencias, centros sociosanitarios o en domicilios. Allí es donde nuestro personal entra en contacto con el fallecido. Es en ese momento cuando existe el peligro de contagio. Aconsejo que antes de introducir al difunto dentro de la bolsa sanitaria estanca, se impregne al fallecido con desinfectante. Una vez colocado en el ataúd, deberemos volver a desinfectar el féretro también. Es a partir de ese momento cuando las posibilidades de contagio se minimizan. Como ya es sabido por todos, la velación de un difunto por COVID-19 está prohibida. Una vez que el fallecido está en el féretro, éste no se debería de volver abrir para evitar el contagio entre los familiares y amistades. Seguramente un familiar de un enfermo por COVID-19, por el simple hecho de convivir con la persona infectada, tiene muchas probabilidades de estar también infectado. Si se reuniesen los familiares y amigos en el tanatorio, las posibilidades de contagio entre ellos y nuestro personal sería muy alto y no podemos permitirnos poner en riesgo a nuestros compañeros y trabajadores.

– Ante un caso de fallecimiento por Coronavirus, ¿qué protocolos se deben aplicar para evitar el contagio en el itinerario de un servicio funerario? 

J.F. –  Siempre, en todos los casos, debemos de utilizar los EPI. Debemos tener claro que nos enfrentamos a una enfermedad “nueva”, mayor motivo para hacer uso de los EPI necesarios para hacerle frente y estar protegidos. Si seguimos el protocolo del ministerio y los propios de las empresas funerarias, no debería de pasar nada, pero siempre debemos tener claro que estamos expuestos. El tema es muy serio. De la misma manera, los compañeros que tienen trato con los familiares de estos difuntos también deben de afrontar la situación y saber que ellos también están expuestos. Hay que estar protegidos, mantener la distancia de seguridad entre las personas y evitar el contacto físico además de lavarse con frecuencia las manos. Ya hay comunidades autónomas que han cerrado los tanatorios de cara al público y no se realizan ningún tipo de velación ni ceremonia. En el resto, se siguen haciendo actos de despedida. En estos casos, hay que tener la máxima consideración sobre la situación que estamos viviendo y es muy importante utilizar el sentido común.

“Siempre, en todos los casos, debemos utilizar los EPI para hacerle frente y estar protegidos”

– Los EPI son elementos cruciales para evitar la propagación de esta y otras infecciones, ¿por qué cree que está siendo tan complejo el abastecimiento?

J.F. –  Bajo mi opinión personal, como estoy mostrando en todas las preguntas, vivimos en una sociedad que se enfrenta a sus problemas día a día y poco pensamos en el futuro. Creo que somos muchos los que pensábamos que algo así nunca pasaría. En el Estado, a día 24 han fallecido 2.696 personas y hay miles de infectados. ¿Quién podía vaticinar algo así? Estoy seguro de que si la situación fuese la de hace tan solo un mes atrás, todas las empresas funerarias tenían y podían asumir todos los EPI necesarios para su personal y afrontar todos los servicios. La avalancha de enfermos ha desbordado a los hospitales y personal sanitario de primera línea. Es lógico que se centralicen las necesidades y se prioricen, pero las autoridades deberían acordarse del personal funerario que también se expone al riesgo de infectarse al realizar su trabajo y necesitamos EPI.

– Se están celebrando despedidas en circunstancias excepcionales, sin velatorio y en soledad. ¿Qué medidas se están tomando para atender las necesidades de las familias?

J.F. – Las familias son conscientes de la situación y en muchos casos son ellas mismas las que se marcan las limitaciones y actúan con responsabilidad. Cada empresa funeraria tiene sus normas además de las impuestas por el decreto de alarma. Todas se aplican pensando siempre en las familias y en los trabajadores.

«Es muy cruel perder a un ser querido por esta enfermedad. Los enfermos mueren solos por tener que estar aislados»

– La palabra “aplazado” está invadiendo todas nuestras actividades cotidianas ¿se puede aplazar el duelo?

J.F. – No, es muy cruel perder a un ser querido por esta enfermedad. En la mayoría de los casos, los enfermos mueren solos por tener que estar aislados. Según el protocolo de Sanidad, se debe permitir entrar en la habitación aislada del finado a los familiares directos y amigos para que puedan despedirse, siempre sin tocar al difunto ni las superficies y estar protegidos por los EPI pertinentes. Si se tiene esta oportunidad (la complejidad de muchos hospitales hace que sea imposible) será la última vez que vean a su familiar o amigo. Como ya he dicho, en estos casos no hay posibilidad de velarlos ni realizar ceremonia de despedida. Posiblemente debemos de empezar a pensar, cuando todo termine y la situación social vuelva a la normalidad, que a todos ellos se les pueda hacer un homenaje o acto. No solamente para honrar a la memoria del fallecido, también para ayudar a las familias a llevar mejor su duelo.

–  Combina su pasión por la tanatopraxia con el arbitraje. En su opinión ¿quién merece una tarjeta roja ante esta crisis sanitaria?

J.F. –  Creo y parto de la base de que todo el mundo actúa pensando que hace el bien para él y para los demás. Los ciudadanos deben de saber que esto va en serio y se debe de salir lo menos posible a la calle, ser disciplinados, lavarnos las manos con asiduidad y ponernos lo menos posible en riesgo. Tan sólo quiero recriminar y sacaría una tarjeta amarilla a alguna autoridad sanitaria que públicamente y en programas de televisión decían que le preocupaba más la gripe convencional que el Covid-19. ¡Ah! Y tened claro que, si yo pudiera, me quedaba en casa. ¡Ya que yo no puedo y mis compañeros tampoco, quédate tú en casa!

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Entrevista a Jordi Fernández Entrevista a Jordi Fernández

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Comunicado de Sortem frente al COVID-19

“Los tanatopractores trabajamos con sentimientos”

IRENE AGUILAR, Tanatopractora en Mémora

Trabajar con la muerte, te hace tenerla más presente. Por eso vemos la vida de otra manera. Intento no irme a dormir enfadada con la vida, no discuto por cosas que no merecen la pena. Dar la oportunidad de poder despedirse a las familias de un difunto, me hace arrancar cada día. Me siento orgullosa de ser Tanatopractora con todo lo que conlleva.

SORTEM.Es la imagen de Mémora para muchas de sus publicaciones en medios de comunicación, ¿qué se siente al ser la elegida para poner cara al conjunto de sus compañeros? ¿Qué le ha aportado la experiencia mediática en la vida profesional?

IRENE AGUILAR. –Conseguir ese objetivo no fue nada fácil, fueron 6 horas de reloj haciendo la sesión fotográfica. Era mi primera experiencia ante la cámara y tenía que transmitir la tranquilidad, la serenidad y la confianza que como empresa queremos aportar a las familias. El acierto de la campaña creo que ha sido precisamente elegir a alguien real, que trabaja cada día en esta profesión. La consecuencia graciosa es que ahora me reconocen en todos los tanatorios que visito e incluso por las calles y comercios de mi ciudad.

Es una de las tanatopractoras más jóvenes en ejercicio de nuestro país. ¿Qué están aportando las nuevas promociones para mejorar y avanzar la Tanatopraxia y el trabajo funerario en general?

I. A. – Sobre todo estamos integrando nuevas técnicas, nuevos productos, nuevas formas de trabajar que mejoran nuestra labor. Piensa que el sector funerario tiene un punto conservador y hermético que dificulta la innovación. Las nuevas aportaciones nos permiten agilizar los procesos, ahora disponemos de camillas eléctricas, la plataforma del coche fúnebre sale sola … implementarlo cuesta, pero al final ayuda. Y, en productos, antes usábamos bases de formol para conservaciones y repatriaciones, ahora intentamos usar siempre polímeros cuaternarios sin formol y no cancerígenos, geles cortantes de hemorragias, algodones que se convierten en gel para taponar … integrarlo lleva su proceso y, en ese cambio, nosotros podemos ayudar.

¿Quién fue el culpable de que decidiera orientar su vida laboral a la Tanatopraxia? 

I. A. – Nadie en concreto, no tenía ninguna vinculación directa con este mundo. Pero desde pequeña me ha gustado la medicina y el cuerpo humano, de hecho, me he dedicado al campo de la enfermería. He estado varios años trabajando como auxiliar de quirófano, pero el sector funerario me llamó la atención y orienté hacía allí mi vida laboral. Dejé mi trabajo en 2011, cursé el postgrado de Tanatopraxia de la Universitat de Barcelona y hasta la fecha. La vinculación con la medicina cada vez es más importante, pero todavía estamos lejos de países como Francia, donde la Tanatopraxia está muy ligada a la vida hospitalaria. Todavía nos queda camino que andar.

Forma parte de una de las primeras generaciones de tanatopractores que ha saltado directamente del aula a la mesa de trabajo y no al revés. ¿Qué ha echado en falta en su formación que la realidad del día a día le ha enseñado?

«Entre Tanatopractores hay un alto grado de compañerismo sin rivalidad profesional»

I. A. – Todos los difuntos no son iguales. Cada uno requiere una forma de ser acondicionado y tratado. Considero que mi formación tanto teórica como práctica fue muy buena y realmente ya estaba preparada para trabajar con cuerpos. Pero me sorprendió el alto grado de compañerismo que he tenido con profesores y tanatopractores tanto de mi empresa como externos. No existe rivalidad profesional como tal y siempre he percibido buena disponibilidad ante cualquier duda.

¿Cuándo se activa un servicio qué itinerario de trabajo sigue para preparar un cuerpo?

I. A. – El primer paso, esperar la orden de recogida. Máximo respeto en el momento de la recogida. Empatía con la situación, delicadeza a la hora de introducirlo en el sudario, hablar con la familia y descubrir esos detalles personales del fallecido que te ayuden a que pueda ser recordado como era. Una vez en nuestras instalaciones, seguimos la cronología del aseo, identificación, desinfección, tratar la imagen del difunto para que transmita serenidad y paz aunque haya sido una muerte violenta o repentina y, finalmente, lo vestimos y lo pasamos al féretro. La idea es tratarlo como si fuera tu difunto para ofrecer el mejor recuerdo posible que se llevarán sus seres queridos. Aunque nuestra labor no acaba aquí, tenemos que asegurarnos que la familia tiene la oportunidad de despedirse como se merece y que puede organizar un homenaje emotivo y personal de verdad.

Acabamos de vivir uno de los episodios más trágicos de nuestra historia reciente con el atentado terrorista de Barcelona. Medios e instituciones han reconocido la labor de las fuerzas y cuerpos de seguridad, el personal sanitario, el voluntariado … pero en ninguna de las listas aparecen los funerarios y funerarias. ¿Por qué cree que su trabajo es tan invisible para nuestra sociedad?

I. A. – Por miedo a la muerte. Sigue siendo un tema tabú y aunque suene recurrente, es más bonito hablar de la vida, suena mejor oír que a la gente se le resucita a través de una RCP, que ha superado una enfermedad … A la muerte nadie la quiere, nadie habla de ella. Hay un cuento popular que lo resume: “Se encuentran la muerte y la vida y, la muerte le pregunta a la vida: ¿por qué a mí todos me odian y a ti todos te aman? Y la vida le responde: Porque yo soy una bella mentira y tú una triste realidad” Por eso, no veremos una imagen de un equipo de funerarios recogiendo cadáveres, nos da miedo la muerte.

Siempre desde la óptica del mundo funerario, le proponemos que nos recomiende:

I. A. – Una película: “Despedidas” Es una película curiosa sobre ritos funerarios y el papel de la mujer. Un libro: “El lector de cadáveres” que nos sumerge en los inicios de los forenses en la Antigua China. Una canción: En castellano, “Desde mi cielo” de Mägo de Oz. Es una canción un poco lenta, pero tiene una letra muy profunda. Y en habla inglesa, “The End” de Jim Morrison e interpretada por The Doors. Un Poema: “Una noche de verano” de Antonio Machado. Es un poema verídico en el que el poeta se dirige a la muerte después del fallecimiento de su esposa. Un lugar: Me gusta visitar pueblos de montaña y tengo un ritual. Cuando me voy de vacaciones busco el cementerio del pueblo con mis hijos y sólo cuando lo tengo localizado, lo hemos visitado, me he hecho la foto de rigor y les he explicado donde estamos, vamos a la casa rural a alojarnos.

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