“El trato sanitario y emocional con la muerte no acaba en el hospital”

JORDI FERNÁNDEZ. Responsable de Tanatopraxia de SFB – Grupo Memora. Tanatopractor. Exárbitro de fútbol y vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros de la F.C.F.

Los profesionales funerarios, entre los que estamos los tanatopractores, somos los últimos actores que intervienen en la cadena sanitaria en un fallecimiento. Durante décadas, las autoridades competentes han obviado que la cadena sanitaria y la prevención no se acaba en el hospital. La crisis del COVID-19 está poniendo a prueba a todos los sectores, también al nuestro.

BARCELONA – MARZO 2020

– El COVID-19 ha tensionado a todos los sectores. ¿Cómo ha afectado al sector funerario?

JORDI FERNÁNDEZ. – El sector funerario y sobre todo sus trabajadores están demostrando durante estos días tan duros la gran responsabilidad que tenemos. Durante los primeros días de la pandemia, poca gente sabía a qué nos íbamos a enfrentar. En poco tiempo, ya conocemos muchas cosas de esta enfermedad y cómo actuar con seguridad frente a ella. La capacidad de adaptación de los profesionales funerarios es magnífica y nos permite enfrentarnos a cualquier situación como la que estamos viviendo. Estoy seguro de que las empresas funerarias hacen frente, actúan y se rigen bajo protocolos propios, además del protocolo del Ministerio de Sanidad. La profesionalidad de los empleados del sector destensa la situación y, durante estos días tan complicados, estamos doblando turnos, enfrentándonos a situaciones complejas e intentamos ofrecer el máximo respeto y cariño a las familias.

– Se está extendiendo un grito a voces que reivindica que sois el último eslabón de la cadena. ¿Qué significa esta situación?

J.F. – Por desgracia, hoy por hoy, cualquier persona en nuestro país puede manipular el cuerpo de una persona difunta. Esto es una barbaridad y más en los tiempos que estamos viviendo. Hay muchas y diferentes patologías a las cuales hay que saber enfrentarse. Por suerte, la profesionalización del sector está cada vez más presente y los trabajadores se forman para estar al día, pero aún queda mucho por hacer y sí, efectivamente, considero que somos el último eslabón de la cadena. A los difuntos se les debe de higienizar y desinfectar, realizar prácticas sanitarias como taponar las vías superiores y en muchos casos realizar tanatopraxias, conservaciones o embalsamamientos. Todas estas acciones se pueden considerar prácticas sanitarias. De hecho, hasta hace relativamente poco, en muchos lugares las conservaciones y embalsamamientos las realizaban los médicos. Así que es de perogrullo que somos parte de la cadena.

– Vivimos una alerta sanitaria. ¿Qué medidas se tienen que poner en práctica en un tanatorio?

J.F. –  Si seguimos las recomendaciones del protocolo del Ministerio de Sanidad, el peligro de contagio lo tienen los compañeros que realizan la recogida del difunto en el momento que el difunto se coloca en la bolsa sanitaria estanca. Hay hospitales que esta operación la realiza el propio personal del hospital, pero en muchos casos los traspasos se producen en residencias, centros sociosanitarios o en domicilios. Allí es donde nuestro personal entra en contacto con el fallecido. Es en ese momento cuando existe el peligro de contagio. Aconsejo que antes de introducir al difunto dentro de la bolsa sanitaria estanca, se impregne al fallecido con desinfectante. Una vez colocado en el ataúd, deberemos volver a desinfectar el féretro también. Es a partir de ese momento cuando las posibilidades de contagio se minimizan. Como ya es sabido por todos, la velación de un difunto por COVID-19 está prohibida. Una vez que el fallecido está en el féretro, éste no se debería de volver abrir para evitar el contagio entre los familiares y amistades. Seguramente un familiar de un enfermo por COVID-19, por el simple hecho de convivir con la persona infectada, tiene muchas probabilidades de estar también infectado. Si se reuniesen los familiares y amigos en el tanatorio, las posibilidades de contagio entre ellos y nuestro personal sería muy alto y no podemos permitirnos poner en riesgo a nuestros compañeros y trabajadores.

– Ante un caso de fallecimiento por Coronavirus, ¿qué protocolos se deben aplicar para evitar el contagio en el itinerario de un servicio funerario? 

J.F. –  Siempre, en todos los casos, debemos de utilizar los EPI. Debemos tener claro que nos enfrentamos a una enfermedad “nueva”, mayor motivo para hacer uso de los EPI necesarios para hacerle frente y estar protegidos. Si seguimos el protocolo del ministerio y los propios de las empresas funerarias, no debería de pasar nada, pero siempre debemos tener claro que estamos expuestos. El tema es muy serio. De la misma manera, los compañeros que tienen trato con los familiares de estos difuntos también deben de afrontar la situación y saber que ellos también están expuestos. Hay que estar protegidos, mantener la distancia de seguridad entre las personas y evitar el contacto físico además de lavarse con frecuencia las manos. Ya hay comunidades autónomas que han cerrado los tanatorios de cara al público y no se realizan ningún tipo de velación ni ceremonia. En el resto, se siguen haciendo actos de despedida. En estos casos, hay que tener la máxima consideración sobre la situación que estamos viviendo y es muy importante utilizar el sentido común.

“Siempre, en todos los casos, debemos utilizar los EPI para hacerle frente y estar protegidos”

– Los EPI son elementos cruciales para evitar la propagación de esta y otras infecciones, ¿por qué cree que está siendo tan complejo el abastecimiento?

J.F. –  Bajo mi opinión personal, como estoy mostrando en todas las preguntas, vivimos en una sociedad que se enfrenta a sus problemas día a día y poco pensamos en el futuro. Creo que somos muchos los que pensábamos que algo así nunca pasaría. En el Estado, a día 24 han fallecido 2.696 personas y hay miles de infectados. ¿Quién podía vaticinar algo así? Estoy seguro de que si la situación fuese la de hace tan solo un mes atrás, todas las empresas funerarias tenían y podían asumir todos los EPI necesarios para su personal y afrontar todos los servicios. La avalancha de enfermos ha desbordado a los hospitales y personal sanitario de primera línea. Es lógico que se centralicen las necesidades y se prioricen, pero las autoridades deberían acordarse del personal funerario que también se expone al riesgo de infectarse al realizar su trabajo y necesitamos EPI.

– Se están celebrando despedidas en circunstancias excepcionales, sin velatorio y en soledad. ¿Qué medidas se están tomando para atender las necesidades de las familias?

J.F. – Las familias son conscientes de la situación y en muchos casos son ellas mismas las que se marcan las limitaciones y actúan con responsabilidad. Cada empresa funeraria tiene sus normas además de las impuestas por el decreto de alarma. Todas se aplican pensando siempre en las familias y en los trabajadores.

«Es muy cruel perder a un ser querido por esta enfermedad. Los enfermos mueren solos por tener que estar aislados»

– La palabra “aplazado” está invadiendo todas nuestras actividades cotidianas ¿se puede aplazar el duelo?

J.F. – No, es muy cruel perder a un ser querido por esta enfermedad. En la mayoría de los casos, los enfermos mueren solos por tener que estar aislados. Según el protocolo de Sanidad, se debe permitir entrar en la habitación aislada del finado a los familiares directos y amigos para que puedan despedirse, siempre sin tocar al difunto ni las superficies y estar protegidos por los EPI pertinentes. Si se tiene esta oportunidad (la complejidad de muchos hospitales hace que sea imposible) será la última vez que vean a su familiar o amigo. Como ya he dicho, en estos casos no hay posibilidad de velarlos ni realizar ceremonia de despedida. Posiblemente debemos de empezar a pensar, cuando todo termine y la situación social vuelva a la normalidad, que a todos ellos se les pueda hacer un homenaje o acto. No solamente para honrar a la memoria del fallecido, también para ayudar a las familias a llevar mejor su duelo.

–  Combina su pasión por la tanatopraxia con el arbitraje. En su opinión ¿quién merece una tarjeta roja ante esta crisis sanitaria?

J.F. –  Creo y parto de la base de que todo el mundo actúa pensando que hace el bien para él y para los demás. Los ciudadanos deben de saber que esto va en serio y se debe de salir lo menos posible a la calle, ser disciplinados, lavarnos las manos con asiduidad y ponernos lo menos posible en riesgo. Tan sólo quiero recriminar y sacaría una tarjeta amarilla a alguna autoridad sanitaria que públicamente y en programas de televisión decían que le preocupaba más la gripe convencional que el Covid-19. ¡Ah! Y tened claro que, si yo pudiera, me quedaba en casa. ¡Ya que yo no puedo y mis compañeros tampoco, quédate tú en casa!

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Entrevista a Jordi Fernández Entrevista a Jordi Fernández

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Nuevo Curso de Aerografía Tanatoestética en Barcelona del 31 al 2 de abril

“L’arte dell’ultimo saluto”

Nuevo Curso Práctico de Tanatopraxia en Lisboa del 25 al 27 de febrero

Sortem ofrece formación continua para profesionales funerarios

A través de un amplio catálogo de cursos adaptados a todas las disciplinas.

Uno de los retos más importantes que deben afrontar los profesionales funerarios y las empresas del sector es la formación continua de sus equipos para poder estar al día de las novedades y tendencias del momento. En este sentido, el departamento de formación de Sortem dispone de todo tipo de cursos para aquellos profesionales funerarios que deseen seguir mejorando sus competencias a través de una formación de calidad, práctica y aplicable.

En un mundo que se encuentra en constante cambio, la firma ofrece formación especializada para cada uno de los diferentes ámbitos de la profesión a través de un amplio catálogo de cursos específicos: Tanatoestética, Tanatopraxia, Inteligencia Emocional, Motivación Comercial y Trabajo en Equipo. Además, para satisfacer las demandas más actuales del mercado, Sortem ha incorporado recientemente a su oferta formativa los cursos de Despedida Civil y Homenaje Póstumo, Atención al Cliente en Duelo, Liderazgo Transformacional y Legislación Funeraria.

NUEVOS CURSOS _ Una de las características que define a Sortem es la incorporación de nuevas competencias y áreas formativas que resulten interesantes para los profesionales que operan en el sector funerario. Bajo esta premisa surgió el nuevo curso de Aerografía Tanatoestética, una forma práctica de conocer la potencia del aerógrafo. Se trata de un concepto innovador en maquillaje, que proporciona un acabado suave, natural y una textura difuminada ideal para el camuflaje. Asimismo, permite tratar imperfecciones de la piel, hematomas, ictericia y decoloraciones de forma efectiva y cuenta con resultados excelentes. El plan formativo del curso, especializado en tanatoestética, se centra en el uso del aerógrafo mediante la demostración y práctica de diferentes técnicas de maquillaje, técnicas para camuflar y análisis del rostro o visagismo.

Bajo el lema ‘Formar para mejorar, mejorar para diferenciarse’, Sortem propone estas acciones formativas con una orientación práctica muy marcada. Todos los integrantes del equipo formativo de la compañía son profesionales en activo que conocen los pormenores y el día a día del sector funerario, por lo cual otorgan una gran importancia al trabajo de campo en el desarrollo del curso.

Por otro lado, la compañía también ha confirmado su presencia en la próxima edición de Tanexpo, (Pabellón 22, Isla Española) entre los días 5 y 7 de abril, lo que supondrá una oportunidad perfecta para que los asistentes conozcan los cursos que tienen en activo y algunos de sus productos propios, como ‘Momentos Compartidos’

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“La formación a tanatopractores es una carretera de doble sentido»

JUAN DIEGO CALDERÓN, Tanatopractor en Áltima y Formador en Tanatopraxia

Otra idea de la muerte es posible.  Aunque es un tabú para muchos, esconde grandes sorpresas si la miramos desde otros puntos de vista como el humor, el cine, la literatura, el arte… Los muertos, enseñan a los vivos y ese contenido es el que transmito cuando hablo sobre la muerte  en redes sociales desde el proyecto @mortuivivis

SORTEM.De pequeños, soñamos con ser bomberos, actores, periodistas, médicos científicos o hasta aventureros … ¿Cómo se llega a ser tanatopractor y conseguir que sea un sueño cumplido?

JUAN DIEGO CALDERÓN. – La Tanatopraxia es una de esas profesiones de vocación tardía que no sabes que existe hasta que no creces. En mi caso, se despertó la curiosidad hace ya 14 años cuando dejé mi Extremadura natal para ir a trabajar a Ciudad Real en un bar donde el hermano del dueño era funerario. Internet hizo el resto y di con un nombre que podía enfocar mi camino: Antonio Navarro de la Funeraria de Terrassa. Me puse en contacto con él, orientó mi formación en Tanatopraxia y Tanatoestética, y surgió la oportunidad de realizar unas prácticas en Terrassa. Después encontré trabajo en Serveis Funeraris del Baix Llobregat que es el origen de Áltima, donde ejerzo desde entonces. Así que viví, participé y sigo formando parte del crecimiento profesional de una de las empresas más importantes del sector. Sueño cumplido.

Cada vez hay más tanatorios y funerarias que ofrecen a las familias el servicio de tanatopraxia. ¿En qué momento de implantación del servicio cree que nos encontramos en España?

J.D.C. – En España, la tanatopraxia como tal tiene pequeños focos que se van iluminando cada día un poco más. Hace unos años, Barcelona era el gran referente, seguramente por su cercanía a Francia. Todavía sigue siendo abanderada en este servicio, aunque el embrión empieza a tomar forma con fuerza en otras zonas. Sobre todo en las comunidades que han apostado por abrir la puerta a la certificación profesional del tanatopractor o tanatopractora. Esto nos dota de un poder, de un reconocimiento a la hora de acondicionar un difunto que antes no existía. Aún queda mucho espacio para la mejora porque a pesar de que avanzamos en legislación y normativa, no se aplica para modificar el método de trabajo hacia la implantación de prácticas de tanatopraxia en general a todos los cuerpos. Tenemos que seguir cuidando y mostrando nuestra profesión para hacerla visible desde todos esos focos.

¿Qué argumentos son necesarios explicar y divulgar a la población en general para que la tanatopraxia sea cada vez más demandada y aceptada de forma natural?

J.D.C. – Principalmente tenemos que comunicar que como profesionales, vamos a hacer todo lo posible para que puedan despedirse de su ser querido tal y cómo lo recordaban. A las familias, no es necesario pormenorizarles las prácticas que vamos a realizar sobre ese difunto para que no esté hinchado, no esté morado, no se le note una marca o la entrada de una vía. Debemos transmitir la confianza para que puedan iniciar el proceso de duelo de una forma natural, porque realmente nuestros objetivo final son ellos: los familiares. El difunto es el vehículo que nos permite ofrecerles la imagen que recordarán de él en su despedida, por eso, es tan importante que ofrezca una sensación de paz y de tranquilidad que oculte los efectos que una muerte natural, repentina o traumática provoca. Desde la invisibilidad de nuestro trabajo, tenemos que esforzarnos por hacer visible la imagen que esperan de cada fallecido.

“Desde la invisibilidad, hacemos visible la imagen que esperan de cada fallecido”

Vivimos un momento efervescente en avances y cambios de filosofía en muchos sectores claves para la economía, ¿el sector funerario ha emprendido ese camino para preparar el futuro? Y, para la tanatopraxia en concreto, ¿cuál sería ese cambio?

J.D.C. – Es cierto que el sector funerario, históricamente, ha sido muy estático. No ha tenido una necesidad real de reinventarse desde los cimientos porque estaba instalado en una zona de confort que era aceptada en general. La liberalización del mercado, el aumento de la competencia, la llegada de nuevas técnicas y productos más seguros, el cuidado del medio ambiente y los cambios sociales y religiosos son factores que han obligado al mercado a moverse. Se ha extendido el uso de tanatorios, se han abierto las puertas a las ceremonias laicas, la cremación aumenta, el tratamiento de las cenizas se diversifica … Renovarse o morir, nunca mejor dicho.

Dedica buena parte de su tiempo a la formación en tanatopraxia a profesionales funerarios. ¿Qué objetivo persigue comunicar y qué retorno profesional obtiene?

J.D.C. – Me gusta ser tanatopractor y me gusta lo que hago. Desde ese plano, me gusta mostrar a mis compañeros cómo desarrollarlo. No guardo bajo llave como un gran secreto lo mucho o lo poco que sé, prefiero compartirlo y experimentar con ellos como ponerlo en práctica. La formación para profesionales es una carretera de doble sentido, porque el conocimiento viaja del profesor al alumno y al revés. Cuando estoy en una formación se produce un intercambio de experiencias que en la soledad de la sala de tanatopraxia no encuentras. El éxito de las empresas del sector pasa por un equipo motivado y bien formado.

Parece que hay cierta predisposición a regular la figura del tanatopractor y un interés creciente en obtener el certificado de profesionalidad. ¿Es suficiente o realmente el paso debería ser de mayor calado?

J.D.C. – Es cierto que en los últimos años hemos avanzado en el reconocimiento de la figura del tanatopractor. Es un proceso necesario para regular a todos los que nos dedicamos a esta labor y, desde luego, es un paso importante para normalizar nuestra situación. Pero no es más que el primer estadio que debe acabar fructificando en las aulas y con una titulación reconocida para la formación garantizada de futuros profesionales. Ahora estamos regularizando a los profesionales que ya existen, nuestro trabajo es poner las bases para los que van a venir y que se creen los roles de interrelación entre médicos forenses, funerarios y tanatopractores.

En materia de prevención laboral, ¿podemos hablar de una profesión de riesgo?

J.D.C. – Tengo la fortuna de trabajar en una empresa que está concienciada con la prevención laboral y sanitaria. Tenemos a nuestra disposición todos los EPIS, cumplimos con la normativa e intentamos minimizar al máximo cualquier tipo de riesgo. Estamos expuestos a sobrecargas musculares, cortes, contagios, productos que pueden afectar nuestra salud… Siempre parto de una lógica y la transmito a todos mis compañeros y en las formaciones, ante un difunto pueden ocurrir cosas no previstas. Por lo tanto, prevención antes, durante y después de cualquier intervención como en cualquier otra práctica sanitaria. Así que tenemos que acostumbrarnos al uso de batas, guantes, mascarillas … porque además son síntoma de profesionalidad.

Definir Tanatopraxia puede ser el principio de un largo y concienzudo debate. ¿Cuál es la suya?

J.D.C. – Definiciones hay muchas (risas) … La mía está basada en su finalidad, por lo tanto, sería el conjunto de técnicas y conocimientos que usamos para devolverle la dignidad al difunto tras la muerte y ofrecerle una imagen de tranquilidad a los que esperan para despedirlo.■

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“Los tanatopractores trabajamos con sentimientos”

IRENE AGUILAR, Tanatopractora en Mémora

Trabajar con la muerte, te hace tenerla más presente. Por eso vemos la vida de otra manera. Intento no irme a dormir enfadada con la vida, no discuto por cosas que no merecen la pena. Dar la oportunidad de poder despedirse a las familias de un difunto, me hace arrancar cada día. Me siento orgullosa de ser Tanatopractora con todo lo que conlleva.

SORTEM.Es la imagen de Mémora para muchas de sus publicaciones en medios de comunicación, ¿qué se siente al ser la elegida para poner cara al conjunto de sus compañeros? ¿Qué le ha aportado la experiencia mediática en la vida profesional?

IRENE AGUILAR. –Conseguir ese objetivo no fue nada fácil, fueron 6 horas de reloj haciendo la sesión fotográfica. Era mi primera experiencia ante la cámara y tenía que transmitir la tranquilidad, la serenidad y la confianza que como empresa queremos aportar a las familias. El acierto de la campaña creo que ha sido precisamente elegir a alguien real, que trabaja cada día en esta profesión. La consecuencia graciosa es que ahora me reconocen en todos los tanatorios que visito e incluso por las calles y comercios de mi ciudad.

Es una de las tanatopractoras más jóvenes en ejercicio de nuestro país. ¿Qué están aportando las nuevas promociones para mejorar y avanzar la Tanatopraxia y el trabajo funerario en general?

I. A. – Sobre todo estamos integrando nuevas técnicas, nuevos productos, nuevas formas de trabajar que mejoran nuestra labor. Piensa que el sector funerario tiene un punto conservador y hermético que dificulta la innovación. Las nuevas aportaciones nos permiten agilizar los procesos, ahora disponemos de camillas eléctricas, la plataforma del coche fúnebre sale sola … implementarlo cuesta, pero al final ayuda. Y, en productos, antes usábamos bases de formol para conservaciones y repatriaciones, ahora intentamos usar siempre polímeros cuaternarios sin formol y no cancerígenos, geles cortantes de hemorragias, algodones que se convierten en gel para taponar … integrarlo lleva su proceso y, en ese cambio, nosotros podemos ayudar.

¿Quién fue el culpable de que decidiera orientar su vida laboral a la Tanatopraxia? 

I. A. – Nadie en concreto, no tenía ninguna vinculación directa con este mundo. Pero desde pequeña me ha gustado la medicina y el cuerpo humano, de hecho, me he dedicado al campo de la enfermería. He estado varios años trabajando como auxiliar de quirófano, pero el sector funerario me llamó la atención y orienté hacía allí mi vida laboral. Dejé mi trabajo en 2011, cursé el postgrado de Tanatopraxia de la Universitat de Barcelona y hasta la fecha. La vinculación con la medicina cada vez es más importante, pero todavía estamos lejos de países como Francia, donde la Tanatopraxia está muy ligada a la vida hospitalaria. Todavía nos queda camino que andar.

Forma parte de una de las primeras generaciones de tanatopractores que ha saltado directamente del aula a la mesa de trabajo y no al revés. ¿Qué ha echado en falta en su formación que la realidad del día a día le ha enseñado?

«Entre Tanatopractores hay un alto grado de compañerismo sin rivalidad profesional»

I. A. – Todos los difuntos no son iguales. Cada uno requiere una forma de ser acondicionado y tratado. Considero que mi formación tanto teórica como práctica fue muy buena y realmente ya estaba preparada para trabajar con cuerpos. Pero me sorprendió el alto grado de compañerismo que he tenido con profesores y tanatopractores tanto de mi empresa como externos. No existe rivalidad profesional como tal y siempre he percibido buena disponibilidad ante cualquier duda.

¿Cuándo se activa un servicio qué itinerario de trabajo sigue para preparar un cuerpo?

I. A. – El primer paso, esperar la orden de recogida. Máximo respeto en el momento de la recogida. Empatía con la situación, delicadeza a la hora de introducirlo en el sudario, hablar con la familia y descubrir esos detalles personales del fallecido que te ayuden a que pueda ser recordado como era. Una vez en nuestras instalaciones, seguimos la cronología del aseo, identificación, desinfección, tratar la imagen del difunto para que transmita serenidad y paz aunque haya sido una muerte violenta o repentina y, finalmente, lo vestimos y lo pasamos al féretro. La idea es tratarlo como si fuera tu difunto para ofrecer el mejor recuerdo posible que se llevarán sus seres queridos. Aunque nuestra labor no acaba aquí, tenemos que asegurarnos que la familia tiene la oportunidad de despedirse como se merece y que puede organizar un homenaje emotivo y personal de verdad.

Acabamos de vivir uno de los episodios más trágicos de nuestra historia reciente con el atentado terrorista de Barcelona. Medios e instituciones han reconocido la labor de las fuerzas y cuerpos de seguridad, el personal sanitario, el voluntariado … pero en ninguna de las listas aparecen los funerarios y funerarias. ¿Por qué cree que su trabajo es tan invisible para nuestra sociedad?

I. A. – Por miedo a la muerte. Sigue siendo un tema tabú y aunque suene recurrente, es más bonito hablar de la vida, suena mejor oír que a la gente se le resucita a través de una RCP, que ha superado una enfermedad … A la muerte nadie la quiere, nadie habla de ella. Hay un cuento popular que lo resume: “Se encuentran la muerte y la vida y, la muerte le pregunta a la vida: ¿por qué a mí todos me odian y a ti todos te aman? Y la vida le responde: Porque yo soy una bella mentira y tú una triste realidad” Por eso, no veremos una imagen de un equipo de funerarios recogiendo cadáveres, nos da miedo la muerte.

Siempre desde la óptica del mundo funerario, le proponemos que nos recomiende:

I. A. – Una película: “Despedidas” Es una película curiosa sobre ritos funerarios y el papel de la mujer. Un libro: “El lector de cadáveres” que nos sumerge en los inicios de los forenses en la Antigua China. Una canción: En castellano, “Desde mi cielo” de Mägo de Oz. Es una canción un poco lenta, pero tiene una letra muy profunda. Y en habla inglesa, “The End” de Jim Morrison e interpretada por The Doors. Un Poema: “Una noche de verano” de Antonio Machado. Es un poema verídico en el que el poeta se dirige a la muerte después del fallecimiento de su esposa. Un lugar: Me gusta visitar pueblos de montaña y tengo un ritual. Cuando me voy de vacaciones busco el cementerio del pueblo con mis hijos y sólo cuando lo tengo localizado, lo hemos visitado, me he hecho la foto de rigor y les he explicado donde estamos, vamos a la casa rural a alojarnos.

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Nueva Edición Verano 2017 de la Revista Dodge

Ya puedes consultar un nuevo número de la revista de Dodge correspondiente a la temporada de verano 2017. Una forma fácil de estar al día de las novedades del sector. Haz click y disfruta de la lectura.

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“Somos generadores de recuerdos”

BERNAT QUETGLAS, Responsable de Servicios Funerarios en EFM, Tanatopractor y Actor

Creo que los servicios funerarios públicos tienen espacio de convivencia con empresas privadas. Los años me han permitido pasar por casi todos los departamentos de la funeraria, algo que ayuda a coordinar al equipo porque sabes hablar su mismo idioma. Soy de los que reman a favor, aunque no siempre haya habido remos.

SORTEM.¿Tiene sentido, en nuestro modelo de mercado, la existencia de servicios funerarios municipales o públicos?

BERNAT QUETGLAS. – Sí, tengo la convicción que hay espacio de convivencia para todos los formatos de funerarias: públicas, privadas, mixtas, grandes, pequeñas … El reto es crear el marco legal que acote las normas bajo las que nos regimos por igual. No toda la oferta que hay, cumple las mismas condiciones de calidad y garantía, algo que provoca la sensación de mercantilismo.

Entonces, ¿la estabilidad pasaría por confeccionar una ley que regulara la actividad funeraria?

B. Q. – A pesar de la liberalización del mercado, tenemos la necesidad de dar forma a una nueva Ley Nacional de Servicios Funerarios, consensuada y acordada. Además, defiendo que debería reflejar el aspecto sanitario que conlleva el servicio funerario. De esta forma, todos tendríamos claro cuáles son nuestras obligaciones y exigencias legales, partiríamos de condiciones igualitarias y nos podríamos dedicar a lo que realmente es importante: dar servicio a las familias.

¿Cuáles son los puntos fuertes y los puntos débiles en la gestión de una funeraria municipal?

B. Q. – Bueno, nos movemos más despacio que la empresa privada. Los cambios requieren mayor justificación, el proceso es lento porque exige cumplir ordenanzas, normativas, documentar las iniciativas… Para mal o para bien, estamos más monitorizados que la iniciativa privada por la vertiente política. Sin embargo, contamos con una infraestructura muy bien organizada que es capaz de aglutinar servicios de todo tipo, adaptados a las nuevas realidades familiares, religiosas y culturales en nuestras instalaciones, tanatorios y cementerios. Además, garantizamos los servicios de beneficencia para personas que acreditan no disponer de medios económicos con un servicio funerario digno, gestionamos la mayor parte de traslados nacionales e internacionales de la isla, y damos cobertura a muchas empresas funerarias en aquello que no disponen.

«Si fuéramos capaces de transmitir todos los elementos de un servicio funerario, el precio pasaría a un segundo plano»

El precio de los servicios funerarios es siempre motivo de polémica. ¿Es caro morirse?

B. Q. – ¿Qué es caro? Si realmente fuéramos capaces de transmitir todos los elementos que participan en un servicio funerario integral desde la recogida del difunto hasta el último detalle de la despedida, junto con todo el equipo humano que ha acompañado a la familia, pondríamos en valor el verdadero trabajo de la funeraria. El precio, igual que otras cosas, pasaría a un segundo plano con la aplicación de esa regulación que hemos comentado. Nosotros, al final, somos generadores de recuerdos.

Forma parte como vocal, en representación de Baleares, de la nueva Junta de Gobierno de PANASEF. ¿Hacia dónde se encamina la Asociación?

B. Q. – En PANASEF, se está trabajando activamente por dar visibilidad a la situación actual del profesional funerario y activar medidas como la necesaria bajada del IVA. Con campañas como “El orgullo de ser funerario” o la publicación del Decálogo de la profesión, se pretende abordar la figura del profesional y su reconocimiento por encima de todo. Creo que ha sido un acierto centrar el esfuerzo en el individuo y no en el modelo de empresa donde trabaja.

En su haber, está la acreditación como Tanatopractor, sin embargo, no ejerce como tal. ¿Por qué?

B. Q. – Mira, tuve la oportunidad de formarme como Tanatopractor en Barcelona y, aunque no era algo vocacional, aproveché para exprimir al máximo la formación. Me sirvió, sobre todo, para constatar y profundizar en los entresijos de la actividad, las técnicas, los instrumentales y los productos que se requieren. Algo que ahora uso para comprender las necesidades y los tiempos de mi equipo y, muy importante, para saber que me están ofreciendo los proveedores.

Combina su actividad en la funeraria con la interpretación teatral en el escenario. ¿Ayuda ser actor en el ámbito laboral?

B. Q. – No, en mi caso. (Risas) Se me nota demasiado, si interpreto en la vida real. Para mí son mundos no comunicados y que desempeñan funciones distintas. El teatro me aporta un espacio diferente donde busco otras sensaciones. Es una aportación más personal.

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“El médico embalsamador me dijo: “¿Entras o sales?”. Y entré.”

ÁNGEL SAN FRUTOS, Tanatopractor y Tesorero en la Asociación Nacional de Profesionales Tanatopractores

Hace 30 años que trabajo en una funeraria. Ser Tanatopractor titulado es un orgullo, pero todavía queda mucho camino que andar y que luchar. Estamos en un momento álgido para seguir reclamando el reconocimiento oficial de la profesión. Unidos somos más visibles.

SORTEM.Lleva tres décadas dedicadas al servicio funerario, pero ¿qué momento fue clave para que decidiera orientarse a la Tanatopraxia?

ÁNGEL SAN FRUTOS. – La oportunidad de trabajar en una funeraria se presentó por una relación familiar. El día a día en una funeraria es complejo y tienes que estar preparado para actuar como comodín en todas las labores que se presenten. En una ocasión, un médico embalsamador estaba realizando un servicio y me vio en la puerta. “¿Entras o sales?” – preguntó. Y decidí entrar.

Y, ¿desde entonces?

A. SF. – Sentí que me gustaba lo que había visto y tenía la necesidad de seguir explorando esa vía. En esos años, la tanatopraxia en Segovia y casi toda España era comparable a la televisión en blanco y negro, prácticamente no existía. Pero el esfuerzo autodidacta y la búsqueda de información y conocimientos me llevó a insistir en la formación y, por fin, conseguí en 2011 el título oficial de tanatopractor.

Se demanda desde el sector un reconocimiento profesional para la figura del tanatopractor  en España, ¿no basta con una titulación oficial?

A. SF. – Para nada. Es un primer paso, desde luego. Tener el título firmado y sellado por las autoridades del Estado, dota de credibilidad y presencia a la profesión. Igual que el Certificado de Profesionalidad, bajo el control del SEPE, acredita al titular de los conocimientos teóricos y prácticos para el desarrollo de la actividad como tanatopractor, tanatoestética, embalsamador y coordinador de servicios funerarios. Algo que, de momento, no se puede aplicar en todas las comunidades, a pesar de tener el título que lo certifica.

Pero resulta contradictorio …

A. SF. – Exacto. Y esa es la primera barrera que tenemos que romper. Por ejemplo, en mi comunidad, yo no puedo firmar embalsamamientos. Sin embargo, en Galicia o Canarias, los compañeros ya pueden hacerlo. Nuestra esperanza es que se produzca un efecto dominó. Es decir, que por agravio comparativo, las demás comunidades adecúen su normativa igual que lo han hecho las comunidades vecinas.

“Nuestra esperanza es que se produzca un efecto dominó y podamos ejercer por igual en todos los territorios”

Compagina su labor en la funeraria con la tesorería de la Asociación Nacional de Profesionales Tanatopractores. ¿Cuál es la labor de la organización?

A. SF. – El principal objetivo es el de luchar por el reconocimiento de esta profesión. La idea es la de canalizar y trabajar por cambiar nuestra situación actual. Somos un nutrido grupo de tanatopractores que perseguimos un fin general para difundir y dar cobertura institucional a nuestra figura.

Y eso se traduce en …

A. SF.– En pequeños avances que no son todo lo rápidos que a todos y todas nos gustaría, pero estamos en el buen camino. Hemos conseguido transmitir nuestras inquietudes al responsable del Ministerio de Sanidad del anterior Gobierno y, ahora, estamos trabajando para poder hacerlo también con el actual responsable. La clave es la insistencia y, personalmente, creo que estamos en un momento álgido que, aunque lento, es inevitable.

¿Qué es lo que le hace seguir motivado para seguir tratando con la muerte?

A. SF. – No creo que haya una motivación especial, no es diferente a la de cualquier otro trabajo. Puede sonar a tópico, pero recibes más de lo que das. La tranquilidad de la familia, la sensación de que has ayudado a que empiecen a superar la falta de su ser querido, frases como “parecía que estaba dormido” … Al final, se trata de comprender que estás allanando el camino de la despedida para que sea lo más serena posible.

– ¿Qué determina esa entrega?

A. SF. – Me refiero a qué todo se reduce a algo tan simple y, al mismo tiempo, tan difícil como escuchar los deseos de sus seres queridos. Además, de los aspectos técnicos que se presuponen, debes tener en cuenta factores tan dispares como hacia que lado se peina, que ropa la define, algo tan lógico como ponerle su dentadura… Son esos detalles los que humanizan nuestra labor.

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