¡Regresamos a Lisboa! // Formación Práctica en Tanatopraxia

🚋🚋🚋 ¡Regresamos a Lisboa! Desde Sortem hemos iniciado el proceso de regreso a la actividad formativa presencial. Por eso, ponemos en marcha una nueva convocatoria de la Formación Práctica en Tanatopraxia en Lisboa. 

¡Reserve ya su plaza! 29, 30 y 1 de Octubre

Un Plan Formativo de Tanatopraxia orientado al profesional funerario, eminentemente práctico y basado en la puesta en común de experiencias, bajo la tutela o seguimiento de un profesional especializado. La idea es adquirir conocimientos mediante la consecución de casos prácticos reales.

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Momentos: Comunidad digital

Hace poco impartí un curso a profesionales del sector funerario con el objetivo de ofrecer un apoyo muy necesario tras el desbarajuste del COVID-19.

El estado de alarma mundial me ha obligado a adaptar todo mi trabajo al mundo digital y utilizar plataformas como Zoom para poder ofrecer terapia, supervisión y formación online. Afortunadamente, los dos últimos meses me han brindado la oportunidad de practicar uno de mis trabajos, el de docente universitario, mediante dicha plataforma digital, con buenos resultados.

Por tanto, pude llevar a cabo el curso mencionado sin mayores problemas. Sin embargo, pude observar que tomaba un carácter más de monólogo de lo que lo haría en formato presencial. El contenido reconocía de manera temprana el cambio tan radical en las reglas de juego a cuenta del COVID-19, y por consiguiente el desarme al que se enfrenta el profesional a la hora de realizar su trabajo diario. Los protocolos, las costumbres y las técnicas personales de protección psicológica, entre otros, no sirven durante la época de la pandemia.

Del mismo modo, la identidad personal y profesional de cada uno se forma en entornos relativamente estables. Es decir, cada persona responde de manera más o menos parecida ante situaciones similares. Por esta razón, decimos de una persona que habla con cualquiera y que busca el contacto social con otros que es una persona extrovertida y sociable. Por el contrario, la persona que tiende a aislarse en su soledad, decimos que es una persona introvertida o solitaria.

Una vez que una persona elabora patrones relativamente repetitivos en situaciones parecidas, todos los de alrededor la conocen de una manera determinada. Y lo que es más importante, esa persona se conoce a sí misma de esa manera determinada. La constancia de esa forma de ser es la que conocemos coloquialmente como carácter o identidad. Uno es buen padre, buen trabajador, amigo de sus amigos, etc., en una serie de circunstancias concretas. 

Sin embargo, este sentido de la identidad o carácter puede verse muy comprometido en situaciones inestables. Es decir, la persona se sorprende a sí misma respondiendo a situaciones cotidianas de manera inesperada, o en otras palabras, de manera en la que no se conoce a sí misma. Siguiendo el ejemplo anterior, uno se vive a sí mismo como mal padre, trabajador incompetente o mal amigo. Este tipo de sentimientos pueden ser difíciles de digerir, ya que uno puede desarrollar la sensación de que está perdiendo la cordura. O, peor todavía, alguna de las decisiones que puede acabar tomando en una situación concreta pueden desembocar en un daño moral. 

El daño moral se materializa cuando uno se comporta de manera que va en contra de sus valores personales. Por ejemplo, uno puede acabar negando a un niño la petición de recuperar el collar de su madre, víctima de virus, una vez el féretro se haya sellado. El daño moral puede ser el precursor de problemas más graves como el Trastorno de Estrés Post Traumático, etc. 

Finalmente, el curso también abordaba el tema del duelo, ya que aquellos profesionales de “pura sangre” que hacen su trabajo de corazón pueden haber sentido que se les despertaban sus propias reacciones de duelo ante las pérdidas que han sufrido durante la pandemia. El duelo es el proceso que se desencadena ante una pérdida, pero al contrario de lo que se piensa comúnmente, esta pérdida no tiene porque limitarse únicamente a la de un ser querido. También puede referirse a la pérdida de seguridad, a la capacidad de hacer un trabajo bien hecho, a la pérdida de libertad, etc. 

El sector funerario es el último eslabón en la cadena sanitaria y desafortunadamente no siempre cuenta con este reconocimiento. Por desgracia, los profesionales de este sector no han contado con los mismos apoyos psicológicos con los que han contado otras profesiones sanitarias. Es por ello que decidí ofrecer este curso online en reconocimiento a los trabajadores que se han enfrentado valientemente a situaciones potencialmente traumáticas y con consecuencias personales devastadoras. 

A pesar de los buenos resultados a la hora de impartir este curso digital, pude confirmar algo que he podido observar en mi rol de docente universitario: la pérdida de la interacción humana entre los asistentes. La camaradería no es la misma y el apoyo que ofrece un grupo de personas que pueden sintonizar y empatizar con la realidad personal del asistente se ve comprometido. 

El grupo y las interacciones personales que éste ofrece son un recurso tan valioso como el contenido del curso mismo y con el objetivo de tapar este hueco decidí hacer un ejercicio en grupos reducidos en la que los participantes contrastaron experiencias. Hasta ahora, habían permanecido mayoritariamente en silencio y mis preguntas apenas recibían respuesta. 

Una vez hubo culminado el tiempo asignado para esta tarea, los llamé de vuelta a la sala principal y la protesta fue unánime: todos querían más tiempo en grupos pequeños para hablar con compañeros. La dinámica cambió para lo que restaba de curso y la necesidad de conectar con los otros participantes se hizo cada vez más palpable. Cuando llegamos al final, varios miembros solicitaron el intercambio de direcciones de correo electrónico  para permanecer en contacto.

El trabajo en el sector funerario puede ser muy duro, sobre todo en épocas como las que vivimos. El COVID-19 no ha afectado a todas las zonas del mundo al mismo tiempo y debido a que la asistencia a este evento era intercontinental, había asistentes en países que estaban saliendo de la ola pandémica mientras que otros se encontraban en lugares donde ésta estaba en pleno auge. 

«Es la proximidad física la que puede derivar en contagio, no la proximidad social»

Sin embargo, la necesidad de conectar con otros era mayor que simplemente práctica. Las personas necesitamos compartir experiencias, ganar aprobación, consultar dudas, sentirnos comprendidos. Por un lado somos personas sociales y necesitamos de otros para poder florecer. Por otro lado, el autoapoyo y el cuidado personal son responsabilidad nuestra y debemos tener claro que no podemos ayudar a otros cuando no nos sentimos fuertes. Es, por tanto, especialmente importante que seamos críticos con el uso del lenguaje que se nos ofrece en una situación como la que afrontamos.

Una situación nueva va frecuentemente acompañada de nuevos términos que adoptamos rápidamente. Sin embargo, estos términos no son siempre adecuados. El distanciamiento social no es realmente un distanciamiento social, sino físico. Es la proximidad física la que puede derivar en contagio, no la proximidad social. Desde que se inició el estado de alarma mi contacto físico se ha visto reducido de marera drástica. Sin embargo, la tecnología y las diferentes plataformas digitales a mi disposición han hecho que mi vida social se haya visto igual o más ocupada que antes.

No dejemos que la comunidad y el apoyo necesario para enfrentarnos a nuestros trabajos diarios desaparezcan debido al “distanciamiento social”. Creemos redes, grupos, foros y formaciones que nos permitan seguir en contacto con nuestros compañeros y sentir una plenitud limitada únicamente por nuestra creatividad.

Al fin y al cabo, si nos sentimos aislados y carentes no solo sufriremos nosotros, sino también nuestros clientes y, como decía uno de los participantes del curso, en nuestro trabajo solo tenemos una única oportunidad para hacer las cosas bien.

Junio _ 2020

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Momentos: Comunidad Digital Momentos

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Webinar: Gestionar emociones en tiempos revueltos

GESTIONAR EMOCIONES EN TIEMPOS REVUELTOS

WEBINAR GRATUITO

JUEVES 18 DE JUNIO DE 18:00H A 19:00H

Ponente: Iván García López _ Coach Integral de Salud Organizacional

Inscripición: formacion@sortem.es

El Coronamundo no deja indiferente a nadie y ha impactado directamente en el sector funerario que es pieza clave en la lucha contra el virus. ¿No nos merecemos aplausos también? Claro que sí. Por eso quiero compartir contigo claves prácticas que te ayuden, en tu día a día, a gestionar las emociones en esta «nueva anormalidad». ¿Te apuntas?

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“El trato sanitario y emocional con la muerte no acaba en el hospital”

JORDI FERNÁNDEZ. Responsable de Tanatopraxia de SFB – Grupo Memora. Tanatopractor. Exárbitro de fútbol y vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros de la F.C.F.

Los profesionales funerarios, entre los que estamos los tanatopractores, somos los últimos actores que intervienen en la cadena sanitaria en un fallecimiento. Durante décadas, las autoridades competentes han obviado que la cadena sanitaria y la prevención no se acaba en el hospital. La crisis del COVID-19 está poniendo a prueba a todos los sectores, también al nuestro.

BARCELONA – MARZO 2020

– El COVID-19 ha tensionado a todos los sectores. ¿Cómo ha afectado al sector funerario?

JORDI FERNÁNDEZ. – El sector funerario y sobre todo sus trabajadores están demostrando durante estos días tan duros la gran responsabilidad que tenemos. Durante los primeros días de la pandemia, poca gente sabía a qué nos íbamos a enfrentar. En poco tiempo, ya conocemos muchas cosas de esta enfermedad y cómo actuar con seguridad frente a ella. La capacidad de adaptación de los profesionales funerarios es magnífica y nos permite enfrentarnos a cualquier situación como la que estamos viviendo. Estoy seguro de que las empresas funerarias hacen frente, actúan y se rigen bajo protocolos propios, además del protocolo del Ministerio de Sanidad. La profesionalidad de los empleados del sector destensa la situación y, durante estos días tan complicados, estamos doblando turnos, enfrentándonos a situaciones complejas e intentamos ofrecer el máximo respeto y cariño a las familias.

– Se está extendiendo un grito a voces que reivindica que sois el último eslabón de la cadena. ¿Qué significa esta situación?

J.F. – Por desgracia, hoy por hoy, cualquier persona en nuestro país puede manipular el cuerpo de una persona difunta. Esto es una barbaridad y más en los tiempos que estamos viviendo. Hay muchas y diferentes patologías a las cuales hay que saber enfrentarse. Por suerte, la profesionalización del sector está cada vez más presente y los trabajadores se forman para estar al día, pero aún queda mucho por hacer y sí, efectivamente, considero que somos el último eslabón de la cadena. A los difuntos se les debe de higienizar y desinfectar, realizar prácticas sanitarias como taponar las vías superiores y en muchos casos realizar tanatopraxias, conservaciones o embalsamamientos. Todas estas acciones se pueden considerar prácticas sanitarias. De hecho, hasta hace relativamente poco, en muchos lugares las conservaciones y embalsamamientos las realizaban los médicos. Así que es de perogrullo que somos parte de la cadena.

– Vivimos una alerta sanitaria. ¿Qué medidas se tienen que poner en práctica en un tanatorio?

J.F. –  Si seguimos las recomendaciones del protocolo del Ministerio de Sanidad, el peligro de contagio lo tienen los compañeros que realizan la recogida del difunto en el momento que el difunto se coloca en la bolsa sanitaria estanca. Hay hospitales que esta operación la realiza el propio personal del hospital, pero en muchos casos los traspasos se producen en residencias, centros sociosanitarios o en domicilios. Allí es donde nuestro personal entra en contacto con el fallecido. Es en ese momento cuando existe el peligro de contagio. Aconsejo que antes de introducir al difunto dentro de la bolsa sanitaria estanca, se impregne al fallecido con desinfectante. Una vez colocado en el ataúd, deberemos volver a desinfectar el féretro también. Es a partir de ese momento cuando las posibilidades de contagio se minimizan. Como ya es sabido por todos, la velación de un difunto por COVID-19 está prohibida. Una vez que el fallecido está en el féretro, éste no se debería de volver abrir para evitar el contagio entre los familiares y amistades. Seguramente un familiar de un enfermo por COVID-19, por el simple hecho de convivir con la persona infectada, tiene muchas probabilidades de estar también infectado. Si se reuniesen los familiares y amigos en el tanatorio, las posibilidades de contagio entre ellos y nuestro personal sería muy alto y no podemos permitirnos poner en riesgo a nuestros compañeros y trabajadores.

– Ante un caso de fallecimiento por Coronavirus, ¿qué protocolos se deben aplicar para evitar el contagio en el itinerario de un servicio funerario? 

J.F. –  Siempre, en todos los casos, debemos de utilizar los EPI. Debemos tener claro que nos enfrentamos a una enfermedad “nueva”, mayor motivo para hacer uso de los EPI necesarios para hacerle frente y estar protegidos. Si seguimos el protocolo del ministerio y los propios de las empresas funerarias, no debería de pasar nada, pero siempre debemos tener claro que estamos expuestos. El tema es muy serio. De la misma manera, los compañeros que tienen trato con los familiares de estos difuntos también deben de afrontar la situación y saber que ellos también están expuestos. Hay que estar protegidos, mantener la distancia de seguridad entre las personas y evitar el contacto físico además de lavarse con frecuencia las manos. Ya hay comunidades autónomas que han cerrado los tanatorios de cara al público y no se realizan ningún tipo de velación ni ceremonia. En el resto, se siguen haciendo actos de despedida. En estos casos, hay que tener la máxima consideración sobre la situación que estamos viviendo y es muy importante utilizar el sentido común.

“Siempre, en todos los casos, debemos utilizar los EPI para hacerle frente y estar protegidos”

– Los EPI son elementos cruciales para evitar la propagación de esta y otras infecciones, ¿por qué cree que está siendo tan complejo el abastecimiento?

J.F. –  Bajo mi opinión personal, como estoy mostrando en todas las preguntas, vivimos en una sociedad que se enfrenta a sus problemas día a día y poco pensamos en el futuro. Creo que somos muchos los que pensábamos que algo así nunca pasaría. En el Estado, a día 24 han fallecido 2.696 personas y hay miles de infectados. ¿Quién podía vaticinar algo así? Estoy seguro de que si la situación fuese la de hace tan solo un mes atrás, todas las empresas funerarias tenían y podían asumir todos los EPI necesarios para su personal y afrontar todos los servicios. La avalancha de enfermos ha desbordado a los hospitales y personal sanitario de primera línea. Es lógico que se centralicen las necesidades y se prioricen, pero las autoridades deberían acordarse del personal funerario que también se expone al riesgo de infectarse al realizar su trabajo y necesitamos EPI.

– Se están celebrando despedidas en circunstancias excepcionales, sin velatorio y en soledad. ¿Qué medidas se están tomando para atender las necesidades de las familias?

J.F. – Las familias son conscientes de la situación y en muchos casos son ellas mismas las que se marcan las limitaciones y actúan con responsabilidad. Cada empresa funeraria tiene sus normas además de las impuestas por el decreto de alarma. Todas se aplican pensando siempre en las familias y en los trabajadores.

«Es muy cruel perder a un ser querido por esta enfermedad. Los enfermos mueren solos por tener que estar aislados»

– La palabra “aplazado” está invadiendo todas nuestras actividades cotidianas ¿se puede aplazar el duelo?

J.F. – No, es muy cruel perder a un ser querido por esta enfermedad. En la mayoría de los casos, los enfermos mueren solos por tener que estar aislados. Según el protocolo de Sanidad, se debe permitir entrar en la habitación aislada del finado a los familiares directos y amigos para que puedan despedirse, siempre sin tocar al difunto ni las superficies y estar protegidos por los EPI pertinentes. Si se tiene esta oportunidad (la complejidad de muchos hospitales hace que sea imposible) será la última vez que vean a su familiar o amigo. Como ya he dicho, en estos casos no hay posibilidad de velarlos ni realizar ceremonia de despedida. Posiblemente debemos de empezar a pensar, cuando todo termine y la situación social vuelva a la normalidad, que a todos ellos se les pueda hacer un homenaje o acto. No solamente para honrar a la memoria del fallecido, también para ayudar a las familias a llevar mejor su duelo.

–  Combina su pasión por la tanatopraxia con el arbitraje. En su opinión ¿quién merece una tarjeta roja ante esta crisis sanitaria?

J.F. –  Creo y parto de la base de que todo el mundo actúa pensando que hace el bien para él y para los demás. Los ciudadanos deben de saber que esto va en serio y se debe de salir lo menos posible a la calle, ser disciplinados, lavarnos las manos con asiduidad y ponernos lo menos posible en riesgo. Tan sólo quiero recriminar y sacaría una tarjeta amarilla a alguna autoridad sanitaria que públicamente y en programas de televisión decían que le preocupaba más la gripe convencional que el Covid-19. ¡Ah! Y tened claro que, si yo pudiera, me quedaba en casa. ¡Ya que yo no puedo y mis compañeros tampoco, quédate tú en casa!

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Entrevista a Jordi Fernández Entrevista a Jordi Fernández

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Nuevo Curso de Aerografía Tanatoestética en Barcelona del 31 al 2 de abril

“L’arte dell’ultimo saluto”

Nuevo Curso Práctico de Tanatopraxia en Lisboa del 25 al 27 de febrero

Falta de madurez

LONDRES. _Cuando aún ocupaba el cargo de Jefe de Psicología en un centro de cuidados paliativos, asistí a una reunión que tenía por objetivo revisar nuestra política sobre el tratamiento de pacientes con alucinaciones.

Los casos de alucinación en pacientes de cáncer no son inusuales y pueden ser el resultado de múltiples causas como la quimioterapia, los efectos secundarios de la medicación, insuficiencias orgánicas y la falta de oxígeno en sangre, entre otras.

La política vigente en aquel momento recomendaba el uso sistemático de medicación antipsicótica en casos de alucinación, con el objetivo de reducir su intensidad. Sin embargo, los médicos del centro habían dado con un artículo científico de publicación reciente que ponía en tela de juicio la validez de nuestra estrategia.

La directora médica decidió convocar a un equipo integrado por todos los médicos del centro y varias enfermeras con cargos de responsabilidad. Con el fin de asegurarse de que hubiera un representante del cuidado psicológico del paciente, me pidió que acudiera a la reunión.

Hubo un consenso general entre los reunidos sobre la necesidad de seguir administrando antipsicóticos de manera generalizada. La prioridad, defendían, era reducir la intensidad de la angustia que puede provocar el delirio incontrolado. Con el objetivo de “arraigar al paciente en la realidad”, la encargada de enfermería propuso colocar grandes relojes y calendarios en las paredes. En su opinión, esto serviría para que los pacientes pudieran saber en qué día y hora vivían.

Permanecí callado durante gran parte de la reunión. Por un lado, estaba de acuerdo con el uso de antipsicóticos, ya que he podido observar lo abrumadoras y angustiosas que pueden resultar algunas alucinaciones. Pero, por otro lado, pensé en la muerte como un proceso de excarnación, en el que el alma del paciente comienza a abandonar su cuerpo.

Algo similar ocurre ante el hecho de someter a nuestro cuerpo a ciertas experiencias extremas, que puede derivar en un brote alucinatorio, en una sensación alterada de la realidad o en la pérdida del conocimiento. Esto ocurre en casos de calor, frío, hambre, sed y dolores extremos.

Muchas de las sociedades primitivas, conocedoras de este hecho, albergan ritos de iniciación basados en este mismo principio. De esta manera, y bajo supervisión constante, se busca disminuir de forma intencionada la corporalidad del individuo, casi hasta llegar a eliminarla. El objetivo es exponer al iniciado a un estado de conciencia alterado para aumentar su receptividad a mensajes, voces y visiones de naturaleza espiritual. Igualmente, la tradición cristiana ha utilizado hasta hace relativamente poco el ayuno y la autoflagelación como maneras de transcender la corporalidad y albergar experiencias místicas.

En las sociedades primitivas, el iniciado se sumerge en un proceso de transición que concluye en su consagración como adulto, guerrero, hechicero o cualquiera que sea su destino. El rito de iniciación sirve de vehículo para asistir a la persona en esta transición y el estado alterado de conciencia ejerce de orientación espiritual que le guía en su camino.

La gran diferencia entre estas culturas y la nuestra es que en aquéllas el proceso tiene lugar en compañía de “los sabios”. Por “sabios” me refiero a personas veteranas que han aprendido a navegar la intensidad de experiencias místicas (de intensidad psicótica) a base de haberlas vivido muchas veces en su propia carne. Mientras que, en nuestra sociedad científica actual, estas experiencias se ven como irreales e inútiles, y, por tanto, tendemos a suprimirlas a través de medicamentos que “nos devuelvan a la realidad”.

“Nuestra tarea en la vida consiste en explorar el Océano de nuestro inconsciente”

Joseph Campbell nos recuerda que nuestra tarea en la vida consiste en explorar el Océano de nuestro Inconsciente. La diferencia entre el psicótico y el místico argumenta, es que éste cultiva su capacidad de nadar, mientras que aquél se ahoga en él.

Finalmente decidí ofrecer esta reflexión a mis compañeros de reunión y planteé la posibilidad de que la necesidad de “traer al paciente de vuelta a la normalidad” no fuera más que un reflejo de nuestra incapacidad de tolerar tal intensidad de sentimientos en nuestro propio cuerpo.

Tengo la certeza absoluta de que estamos muy bien formados y equipados con los conocimientos técnicos propios de nuestra especialidad. Pero creo que nuestra formación no incluye el conocimiento necesario para poder recibir la experiencia humana en todas sus dimensiones.

La experiencia Humana, en toda su integridad, incluye el umbral que separa nuestra cordura de nuestra locura. A pesar de ser universal, en nuestra sociedad actual no dedicamos tiempo a explorarlo y conocerlo. Sin embargo, estoy seguro de que cualquier persona que haya perdido a un ser querido ha pasado más de una noche deambulando alrededor de ese umbral, sobre todo si se ha permitido vivir sus sentimientos sin distracciones ni analgésicos.

Mi intervención concluyó con el siguiente desafío: si los profesionales sanitarios cultiváramos esta cualidad y tratáramos de asemejarnos a “los sabios” que acompañan a los iniciados por los caminos tortuosos que transitan por los extremos de la experiencia humana, quizá podríamos acoger la intensidad del delirio en nuestros pacientes, en vez de suprimirla por vías psicológicas o farmacológicas.

El silencio en la sala fue ensordecedor, pero duró solo unos segundos y varias de las enfermeras retomaron su idea de colocar relojes y calendarios que ayudaran a los pacientes a reorientarse. Mi reflexión cayó en el vacío.

Tras haber trabajado durante más de una década en cuidados paliativos, he observado que, aunque todos los profesionales que trabajamos con la muerte seamos muy competentes en nuestra especialidad, nos sentimos incompetentes a diario. Ninguna intervención médica, psicológica o de otra índole puede evitar la muerte del paciente o el dolor de sus familiares.

En el mundo sanitario, donde el profesional tiene que mostrarse competente y su carrera laboral depende de ello, uno se centra únicamente en lo que sabe y en lo que puede hacer. Por ello, seguimos colocando relojes y administrando antipsicóticos. Pero corremos el riesgo de que nunca aprendamos sobre aquello que no dominamos, como, por ejemplo, algunas dimensiones del comportamiento humano. Si tuviéramos la humildad de reconocer nuestras carencias para poder aprender y mejorar, ofreceríamos un servicio más pleno y satisfactorio a nuestros pacientes, además de sentirnos más humanos en nuestro trabajo.

Y mientras no estemos dispuestos a cavar hondo en nuestros propios sentimientos de impotencia, nos resultará menos peligroso colocar relojes que aceptar nuestra propia inmadurez.▗

URTZI CRISTÓBAL _ PSICÓLOGO ESPECIALISTA EN CUIDADOS PALIATIVOS Y DUELO

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«LOS PROFESIONALES DE LAS PEQUEÑAS FUNERARIAS SOMOS UN POCO FUNERARIO-ORQUESTA»

MAXIMIANO BRAVO, Gerente de Funeraria Bravo-Sánchez y Secretario de AFEX

Las funerarias pequeñas son más flexibles y se adaptan más rápido a las necesidades de las familias. Creo que todavía queda mucho camino que recorrer y que la clave para aguantar está en la profesionalización, la formación y el servicio. Hay espacio de convivencia para todas las caras del sector funerario: grandes, medianas y pequeñas, pero requiere esfuerzo.  

– Ser emprendedor es una actitud que se le exige al empresario de hoy en día. ¿Se puede emprender desde una funeraria pequeña?

MAXI. – Emprender es una palabra demasiado agigantada. Ser emprendedor no implica entrar en una dinámica de cambio constante y en clara oposición del negocio clásico. El funerario emprendedor es aquel que es capaz de combinar lo bueno del pasado con las nuevas necesidades de nuestra sociedad actual. Nuestras principales diferencias con los grandes grupos funerarios son la independencia, la alta capacidad de adaptación y un claro conocimiento personal de la mayoría de nuestros clientes.

– ¿De dónde nace la inquietud por trabajar dentro de una empresa funeraria?

M.B. – De forma profesional, entré en el sector funerario hace más de 18 años. Aunque el vínculo ya estaba creado porque mi abuelo fundó una pequeña carpintería donde se fabricaban ataúdes y también se realizaban servicios funerarios. En cierto modo, representaba el perfil más romántico de los primeros emprendedores de nuestro sector que luego continuó mi padre. Mi primera pasión fue el mundo del caballo, pero tras años de dedicación y exigencia, retomé el negocio familiar como tercera generación. Una experiencia que me ayudó a ser firme pero sobre todo muy adaptable al entorno donde trabajo.

– ¿Hay muchas diferencias entre el servicio de una funeraria de una gran urbe al servicio de una población radicalmente más pequeña?

M.B. – Los profesionales que estamos en funerarias pequeñas en miles de pueblos de toda Extremadura somos un poco funerario-orquesta. Tenemos la capacidad de aglutinar en una sola persona la atención a las familias, el asesoramiento, la organización de la despedida e incluso la parte administrativa con certificados de defunción, últimas voluntades… En cada zona, las costumbres y el folclore cambian, pero sí que es cierto que cuando las familias nos llegan a Torrecillas de la Tiesa de Barcelona o de Madrid se nota que hay mucha prisa, quieren acabar rápido.

“Hay espacio para grandes grupos funerarios y funerarias pequeñas si establecemos marcos de convivencia”

– ¿Cuál es el futuro de las pequeñas funerarias? ¿Qué papel tienen que desempeñar para sobrevivir?

M.B. – Cada caso es diferente. La liberalización del sector recompuso en gran medida el mapa. Los grandes grupos adquirieron pequeñas funerarias que aceptaron la oferta por cuestiones empresariales diversas desde económicas a falta de continuidad.  Desde entonces, se lleva hablando de la desaparición de los pequeños, pero la realidad es que seguimos representando un número muy elevado de establecimientos funerarios. Hay espacio para todos si establecemos marcos de convivencia. Somos más flexibles y nos movemos más rápido que las empresas grandes. Tenemos que seguir apostando por ofrecer servicio personalizado a las familias.

– Compagina su tarea diaria con la secretaría de la AFEX, Asociación de Funerarias Extremeñas. ¿Hacia dónde se encamina la Asociación?

M.B. – La asociación agrupa a un gran tejido de casi 40 funerarias de Cáceres y de Badajoz con más de 100 tanatorios repartidos por toda Extremadura. La voluntad de la asociación es recoger toda la experiencia que acumulamos y canalizarla a través de una voz que sea la interlocutora con la administración o cualquier otro organismo. También estamos reforzando los planes de formación en Tanatopraxia, Tanatoestética y otras nuevas competencias, el asesoramiento profesional a los asociados y acuerdos específicos con proveedores. Desde AFEX queremos evitar la atomización y crear nuevos lazos desde la concetranción de intereses comunes.

– Las características de servicio que busca tener en su funeraria son claras, pero, a nivel personal, ¿qué actitud prevalece para mantener la motivación?

M.B. – El buen humor. Mantener un buen tono vital y un estado de ánimo positivo me ayuda a poder gestionar la carga emocional y la carga laboral. No se trata de demostrar alegría externa, evidentemente, pero el sentido del humor es una constante que te activa y te protege en condiciones de tensión. Todos vivimos situaciones que son difíciles de normalizar y el buen humor es un mecanismo que me ayuda a continuar.■

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Sortem ofrece formación continua para profesionales funerarios

A través de un amplio catálogo de cursos adaptados a todas las disciplinas.

Uno de los retos más importantes que deben afrontar los profesionales funerarios y las empresas del sector es la formación continua de sus equipos para poder estar al día de las novedades y tendencias del momento. En este sentido, el departamento de formación de Sortem dispone de todo tipo de cursos para aquellos profesionales funerarios que deseen seguir mejorando sus competencias a través de una formación de calidad, práctica y aplicable.

En un mundo que se encuentra en constante cambio, la firma ofrece formación especializada para cada uno de los diferentes ámbitos de la profesión a través de un amplio catálogo de cursos específicos: Tanatoestética, Tanatopraxia, Inteligencia Emocional, Motivación Comercial y Trabajo en Equipo. Además, para satisfacer las demandas más actuales del mercado, Sortem ha incorporado recientemente a su oferta formativa los cursos de Despedida Civil y Homenaje Póstumo, Atención al Cliente en Duelo, Liderazgo Transformacional y Legislación Funeraria.

NUEVOS CURSOS _ Una de las características que define a Sortem es la incorporación de nuevas competencias y áreas formativas que resulten interesantes para los profesionales que operan en el sector funerario. Bajo esta premisa surgió el nuevo curso de Aerografía Tanatoestética, una forma práctica de conocer la potencia del aerógrafo. Se trata de un concepto innovador en maquillaje, que proporciona un acabado suave, natural y una textura difuminada ideal para el camuflaje. Asimismo, permite tratar imperfecciones de la piel, hematomas, ictericia y decoloraciones de forma efectiva y cuenta con resultados excelentes. El plan formativo del curso, especializado en tanatoestética, se centra en el uso del aerógrafo mediante la demostración y práctica de diferentes técnicas de maquillaje, técnicas para camuflar y análisis del rostro o visagismo.

Bajo el lema ‘Formar para mejorar, mejorar para diferenciarse’, Sortem propone estas acciones formativas con una orientación práctica muy marcada. Todos los integrantes del equipo formativo de la compañía son profesionales en activo que conocen los pormenores y el día a día del sector funerario, por lo cual otorgan una gran importancia al trabajo de campo en el desarrollo del curso.

Por otro lado, la compañía también ha confirmado su presencia en la próxima edición de Tanexpo, (Pabellón 22, Isla Española) entre los días 5 y 7 de abril, lo que supondrá una oportunidad perfecta para que los asistentes conozcan los cursos que tienen en activo y algunos de sus productos propios, como ‘Momentos Compartidos’

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