Nuevo Curso de Aerografía Tanatoestética en Barcelona del 31 al 2 de abril

“L’arte dell’ultimo saluto”

Nuevo Curso Práctico de Tanatopraxia en Lisboa del 25 al 27 de febrero

Falta de madurez

LONDRES. _Cuando aún ocupaba el cargo de Jefe de Psicología en un centro de cuidados paliativos, asistí a una reunión que tenía por objetivo revisar nuestra política sobre el tratamiento de pacientes con alucinaciones.

Los casos de alucinación en pacientes de cáncer no son inusuales y pueden ser el resultado de múltiples causas como la quimioterapia, los efectos secundarios de la medicación, insuficiencias orgánicas y la falta de oxígeno en sangre, entre otras.

La política vigente en aquel momento recomendaba el uso sistemático de medicación antipsicótica en casos de alucinación, con el objetivo de reducir su intensidad. Sin embargo, los médicos del centro habían dado con un artículo científico de publicación reciente que ponía en tela de juicio la validez de nuestra estrategia.

La directora médica decidió convocar a un equipo integrado por todos los médicos del centro y varias enfermeras con cargos de responsabilidad. Con el fin de asegurarse de que hubiera un representante del cuidado psicológico del paciente, me pidió que acudiera a la reunión.

Hubo un consenso general entre los reunidos sobre la necesidad de seguir administrando antipsicóticos de manera generalizada. La prioridad, defendían, era reducir la intensidad de la angustia que puede provocar el delirio incontrolado. Con el objetivo de “arraigar al paciente en la realidad”, la encargada de enfermería propuso colocar grandes relojes y calendarios en las paredes. En su opinión, esto serviría para que los pacientes pudieran saber en qué día y hora vivían.

Permanecí callado durante gran parte de la reunión. Por un lado, estaba de acuerdo con el uso de antipsicóticos, ya que he podido observar lo abrumadoras y angustiosas que pueden resultar algunas alucinaciones. Pero, por otro lado, pensé en la muerte como un proceso de excarnación, en el que el alma del paciente comienza a abandonar su cuerpo.

Algo similar ocurre ante el hecho de someter a nuestro cuerpo a ciertas experiencias extremas, que puede derivar en un brote alucinatorio, en una sensación alterada de la realidad o en la pérdida del conocimiento. Esto ocurre en casos de calor, frío, hambre, sed y dolores extremos.

Muchas de las sociedades primitivas, conocedoras de este hecho, albergan ritos de iniciación basados en este mismo principio. De esta manera, y bajo supervisión constante, se busca disminuir de forma intencionada la corporalidad del individuo, casi hasta llegar a eliminarla. El objetivo es exponer al iniciado a un estado de conciencia alterado para aumentar su receptividad a mensajes, voces y visiones de naturaleza espiritual. Igualmente, la tradición cristiana ha utilizado hasta hace relativamente poco el ayuno y la autoflagelación como maneras de transcender la corporalidad y albergar experiencias místicas.

En las sociedades primitivas, el iniciado se sumerge en un proceso de transición que concluye en su consagración como adulto, guerrero, hechicero o cualquiera que sea su destino. El rito de iniciación sirve de vehículo para asistir a la persona en esta transición y el estado alterado de conciencia ejerce de orientación espiritual que le guía en su camino.

La gran diferencia entre estas culturas y la nuestra es que en aquéllas el proceso tiene lugar en compañía de “los sabios”. Por “sabios” me refiero a personas veteranas que han aprendido a navegar la intensidad de experiencias místicas (de intensidad psicótica) a base de haberlas vivido muchas veces en su propia carne. Mientras que, en nuestra sociedad científica actual, estas experiencias se ven como irreales e inútiles, y, por tanto, tendemos a suprimirlas a través de medicamentos que “nos devuelvan a la realidad”.

“Nuestra tarea en la vida consiste en explorar el Océano de nuestro inconsciente”

Joseph Campbell nos recuerda que nuestra tarea en la vida consiste en explorar el Océano de nuestro Inconsciente. La diferencia entre el psicótico y el místico argumenta, es que éste cultiva su capacidad de nadar, mientras que aquél se ahoga en él.

Finalmente decidí ofrecer esta reflexión a mis compañeros de reunión y planteé la posibilidad de que la necesidad de “traer al paciente de vuelta a la normalidad” no fuera más que un reflejo de nuestra incapacidad de tolerar tal intensidad de sentimientos en nuestro propio cuerpo.

Tengo la certeza absoluta de que estamos muy bien formados y equipados con los conocimientos técnicos propios de nuestra especialidad. Pero creo que nuestra formación no incluye el conocimiento necesario para poder recibir la experiencia humana en todas sus dimensiones.

La experiencia Humana, en toda su integridad, incluye el umbral que separa nuestra cordura de nuestra locura. A pesar de ser universal, en nuestra sociedad actual no dedicamos tiempo a explorarlo y conocerlo. Sin embargo, estoy seguro de que cualquier persona que haya perdido a un ser querido ha pasado más de una noche deambulando alrededor de ese umbral, sobre todo si se ha permitido vivir sus sentimientos sin distracciones ni analgésicos.

Mi intervención concluyó con el siguiente desafío: si los profesionales sanitarios cultiváramos esta cualidad y tratáramos de asemejarnos a “los sabios” que acompañan a los iniciados por los caminos tortuosos que transitan por los extremos de la experiencia humana, quizá podríamos acoger la intensidad del delirio en nuestros pacientes, en vez de suprimirla por vías psicológicas o farmacológicas.

El silencio en la sala fue ensordecedor, pero duró solo unos segundos y varias de las enfermeras retomaron su idea de colocar relojes y calendarios que ayudaran a los pacientes a reorientarse. Mi reflexión cayó en el vacío.

Tras haber trabajado durante más de una década en cuidados paliativos, he observado que, aunque todos los profesionales que trabajamos con la muerte seamos muy competentes en nuestra especialidad, nos sentimos incompetentes a diario. Ninguna intervención médica, psicológica o de otra índole puede evitar la muerte del paciente o el dolor de sus familiares.

En el mundo sanitario, donde el profesional tiene que mostrarse competente y su carrera laboral depende de ello, uno se centra únicamente en lo que sabe y en lo que puede hacer. Por ello, seguimos colocando relojes y administrando antipsicóticos. Pero corremos el riesgo de que nunca aprendamos sobre aquello que no dominamos, como, por ejemplo, algunas dimensiones del comportamiento humano. Si tuviéramos la humildad de reconocer nuestras carencias para poder aprender y mejorar, ofreceríamos un servicio más pleno y satisfactorio a nuestros pacientes, además de sentirnos más humanos en nuestro trabajo.

Y mientras no estemos dispuestos a cavar hondo en nuestros propios sentimientos de impotencia, nos resultará menos peligroso colocar relojes que aceptar nuestra propia inmadurez.▗

URTZI CRISTÓBAL _ PSICÓLOGO ESPECIALISTA EN CUIDADOS PALIATIVOS Y DUELO

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«LOS PROFESIONALES DE LAS PEQUEÑAS FUNERARIAS SOMOS UN POCO FUNERARIO-ORQUESTA»

MAXIMIANO BRAVO, Gerente de Funeraria Bravo-Sánchez y Secretario de AFEX

Las funerarias pequeñas son más flexibles y se adaptan más rápido a las necesidades de las familias. Creo que todavía queda mucho camino que recorrer y que la clave para aguantar está en la profesionalización, la formación y el servicio. Hay espacio de convivencia para todas las caras del sector funerario: grandes, medianas y pequeñas, pero requiere esfuerzo.  

– Ser emprendedor es una actitud que se le exige al empresario de hoy en día. ¿Se puede emprender desde una funeraria pequeña?

MAXI. – Emprender es una palabra demasiado agigantada. Ser emprendedor no implica entrar en una dinámica de cambio constante y en clara oposición del negocio clásico. El funerario emprendedor es aquel que es capaz de combinar lo bueno del pasado con las nuevas necesidades de nuestra sociedad actual. Nuestras principales diferencias con los grandes grupos funerarios son la independencia, la alta capacidad de adaptación y un claro conocimiento personal de la mayoría de nuestros clientes.

– ¿De dónde nace la inquietud por trabajar dentro de una empresa funeraria?

M.B. – De forma profesional, entré en el sector funerario hace más de 18 años. Aunque el vínculo ya estaba creado porque mi abuelo fundó una pequeña carpintería donde se fabricaban ataúdes y también se realizaban servicios funerarios. En cierto modo, representaba el perfil más romántico de los primeros emprendedores de nuestro sector que luego continuó mi padre. Mi primera pasión fue el mundo del caballo, pero tras años de dedicación y exigencia, retomé el negocio familiar como tercera generación. Una experiencia que me ayudó a ser firme pero sobre todo muy adaptable al entorno donde trabajo.

– ¿Hay muchas diferencias entre el servicio de una funeraria de una gran urbe al servicio de una población radicalmente más pequeña?

M.B. – Los profesionales que estamos en funerarias pequeñas en miles de pueblos de toda Extremadura somos un poco funerario-orquesta. Tenemos la capacidad de aglutinar en una sola persona la atención a las familias, el asesoramiento, la organización de la despedida e incluso la parte administrativa con certificados de defunción, últimas voluntades… En cada zona, las costumbres y el folclore cambian, pero sí que es cierto que cuando las familias nos llegan a Torrecillas de la Tiesa de Barcelona o de Madrid se nota que hay mucha prisa, quieren acabar rápido.

“Hay espacio para grandes grupos funerarios y funerarias pequeñas si establecemos marcos de convivencia”

– ¿Cuál es el futuro de las pequeñas funerarias? ¿Qué papel tienen que desempeñar para sobrevivir?

M.B. – Cada caso es diferente. La liberalización del sector recompuso en gran medida el mapa. Los grandes grupos adquirieron pequeñas funerarias que aceptaron la oferta por cuestiones empresariales diversas desde económicas a falta de continuidad.  Desde entonces, se lleva hablando de la desaparición de los pequeños, pero la realidad es que seguimos representando un número muy elevado de establecimientos funerarios. Hay espacio para todos si establecemos marcos de convivencia. Somos más flexibles y nos movemos más rápido que las empresas grandes. Tenemos que seguir apostando por ofrecer servicio personalizado a las familias.

– Compagina su tarea diaria con la secretaría de la AFEX, Asociación de Funerarias Extremeñas. ¿Hacia dónde se encamina la Asociación?

M.B. – La asociación agrupa a un gran tejido de casi 40 funerarias de Cáceres y de Badajoz con más de 100 tanatorios repartidos por toda Extremadura. La voluntad de la asociación es recoger toda la experiencia que acumulamos y canalizarla a través de una voz que sea la interlocutora con la administración o cualquier otro organismo. También estamos reforzando los planes de formación en Tanatopraxia, Tanatoestética y otras nuevas competencias, el asesoramiento profesional a los asociados y acuerdos específicos con proveedores. Desde AFEX queremos evitar la atomización y crear nuevos lazos desde la concetranción de intereses comunes.

– Las características de servicio que busca tener en su funeraria son claras, pero, a nivel personal, ¿qué actitud prevalece para mantener la motivación?

M.B. – El buen humor. Mantener un buen tono vital y un estado de ánimo positivo me ayuda a poder gestionar la carga emocional y la carga laboral. No se trata de demostrar alegría externa, evidentemente, pero el sentido del humor es una constante que te activa y te protege en condiciones de tensión. Todos vivimos situaciones que son difíciles de normalizar y el buen humor es un mecanismo que me ayuda a continuar.■

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Sortem ofrece formación continua para profesionales funerarios

A través de un amplio catálogo de cursos adaptados a todas las disciplinas.

Uno de los retos más importantes que deben afrontar los profesionales funerarios y las empresas del sector es la formación continua de sus equipos para poder estar al día de las novedades y tendencias del momento. En este sentido, el departamento de formación de Sortem dispone de todo tipo de cursos para aquellos profesionales funerarios que deseen seguir mejorando sus competencias a través de una formación de calidad, práctica y aplicable.

En un mundo que se encuentra en constante cambio, la firma ofrece formación especializada para cada uno de los diferentes ámbitos de la profesión a través de un amplio catálogo de cursos específicos: Tanatoestética, Tanatopraxia, Inteligencia Emocional, Motivación Comercial y Trabajo en Equipo. Además, para satisfacer las demandas más actuales del mercado, Sortem ha incorporado recientemente a su oferta formativa los cursos de Despedida Civil y Homenaje Póstumo, Atención al Cliente en Duelo, Liderazgo Transformacional y Legislación Funeraria.

NUEVOS CURSOS _ Una de las características que define a Sortem es la incorporación de nuevas competencias y áreas formativas que resulten interesantes para los profesionales que operan en el sector funerario. Bajo esta premisa surgió el nuevo curso de Aerografía Tanatoestética, una forma práctica de conocer la potencia del aerógrafo. Se trata de un concepto innovador en maquillaje, que proporciona un acabado suave, natural y una textura difuminada ideal para el camuflaje. Asimismo, permite tratar imperfecciones de la piel, hematomas, ictericia y decoloraciones de forma efectiva y cuenta con resultados excelentes. El plan formativo del curso, especializado en tanatoestética, se centra en el uso del aerógrafo mediante la demostración y práctica de diferentes técnicas de maquillaje, técnicas para camuflar y análisis del rostro o visagismo.

Bajo el lema ‘Formar para mejorar, mejorar para diferenciarse’, Sortem propone estas acciones formativas con una orientación práctica muy marcada. Todos los integrantes del equipo formativo de la compañía son profesionales en activo que conocen los pormenores y el día a día del sector funerario, por lo cual otorgan una gran importancia al trabajo de campo en el desarrollo del curso.

Por otro lado, la compañía también ha confirmado su presencia en la próxima edición de Tanexpo, (Pabellón 22, Isla Española) entre los días 5 y 7 de abril, lo que supondrá una oportunidad perfecta para que los asistentes conozcan los cursos que tienen en activo y algunos de sus productos propios, como ‘Momentos Compartidos’

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“La formación a tanatopractores es una carretera de doble sentido»

JUAN DIEGO CALDERÓN, Tanatopractor en Áltima y Formador en Tanatopraxia

Otra idea de la muerte es posible.  Aunque es un tabú para muchos, esconde grandes sorpresas si la miramos desde otros puntos de vista como el humor, el cine, la literatura, el arte… Los muertos, enseñan a los vivos y ese contenido es el que transmito cuando hablo sobre la muerte  en redes sociales desde el proyecto @mortuivivis

SORTEM.De pequeños, soñamos con ser bomberos, actores, periodistas, médicos científicos o hasta aventureros … ¿Cómo se llega a ser tanatopractor y conseguir que sea un sueño cumplido?

JUAN DIEGO CALDERÓN. – La Tanatopraxia es una de esas profesiones de vocación tardía que no sabes que existe hasta que no creces. En mi caso, se despertó la curiosidad hace ya 14 años cuando dejé mi Extremadura natal para ir a trabajar a Ciudad Real en un bar donde el hermano del dueño era funerario. Internet hizo el resto y di con un nombre que podía enfocar mi camino: Antonio Navarro de la Funeraria de Terrassa. Me puse en contacto con él, orientó mi formación en Tanatopraxia y Tanatoestética, y surgió la oportunidad de realizar unas prácticas en Terrassa. Después encontré trabajo en Serveis Funeraris del Baix Llobregat que es el origen de Áltima, donde ejerzo desde entonces. Así que viví, participé y sigo formando parte del crecimiento profesional de una de las empresas más importantes del sector. Sueño cumplido.

Cada vez hay más tanatorios y funerarias que ofrecen a las familias el servicio de tanatopraxia. ¿En qué momento de implantación del servicio cree que nos encontramos en España?

J.D.C. – En España, la tanatopraxia como tal tiene pequeños focos que se van iluminando cada día un poco más. Hace unos años, Barcelona era el gran referente, seguramente por su cercanía a Francia. Todavía sigue siendo abanderada en este servicio, aunque el embrión empieza a tomar forma con fuerza en otras zonas. Sobre todo en las comunidades que han apostado por abrir la puerta a la certificación profesional del tanatopractor o tanatopractora. Esto nos dota de un poder, de un reconocimiento a la hora de acondicionar un difunto que antes no existía. Aún queda mucho espacio para la mejora porque a pesar de que avanzamos en legislación y normativa, no se aplica para modificar el método de trabajo hacia la implantación de prácticas de tanatopraxia en general a todos los cuerpos. Tenemos que seguir cuidando y mostrando nuestra profesión para hacerla visible desde todos esos focos.

¿Qué argumentos son necesarios explicar y divulgar a la población en general para que la tanatopraxia sea cada vez más demandada y aceptada de forma natural?

J.D.C. – Principalmente tenemos que comunicar que como profesionales, vamos a hacer todo lo posible para que puedan despedirse de su ser querido tal y cómo lo recordaban. A las familias, no es necesario pormenorizarles las prácticas que vamos a realizar sobre ese difunto para que no esté hinchado, no esté morado, no se le note una marca o la entrada de una vía. Debemos transmitir la confianza para que puedan iniciar el proceso de duelo de una forma natural, porque realmente nuestros objetivo final son ellos: los familiares. El difunto es el vehículo que nos permite ofrecerles la imagen que recordarán de él en su despedida, por eso, es tan importante que ofrezca una sensación de paz y de tranquilidad que oculte los efectos que una muerte natural, repentina o traumática provoca. Desde la invisibilidad de nuestro trabajo, tenemos que esforzarnos por hacer visible la imagen que esperan de cada fallecido.

“Desde la invisibilidad, hacemos visible la imagen que esperan de cada fallecido”

Vivimos un momento efervescente en avances y cambios de filosofía en muchos sectores claves para la economía, ¿el sector funerario ha emprendido ese camino para preparar el futuro? Y, para la tanatopraxia en concreto, ¿cuál sería ese cambio?

J.D.C. – Es cierto que el sector funerario, históricamente, ha sido muy estático. No ha tenido una necesidad real de reinventarse desde los cimientos porque estaba instalado en una zona de confort que era aceptada en general. La liberalización del mercado, el aumento de la competencia, la llegada de nuevas técnicas y productos más seguros, el cuidado del medio ambiente y los cambios sociales y religiosos son factores que han obligado al mercado a moverse. Se ha extendido el uso de tanatorios, se han abierto las puertas a las ceremonias laicas, la cremación aumenta, el tratamiento de las cenizas se diversifica … Renovarse o morir, nunca mejor dicho.

Dedica buena parte de su tiempo a la formación en tanatopraxia a profesionales funerarios. ¿Qué objetivo persigue comunicar y qué retorno profesional obtiene?

J.D.C. – Me gusta ser tanatopractor y me gusta lo que hago. Desde ese plano, me gusta mostrar a mis compañeros cómo desarrollarlo. No guardo bajo llave como un gran secreto lo mucho o lo poco que sé, prefiero compartirlo y experimentar con ellos como ponerlo en práctica. La formación para profesionales es una carretera de doble sentido, porque el conocimiento viaja del profesor al alumno y al revés. Cuando estoy en una formación se produce un intercambio de experiencias que en la soledad de la sala de tanatopraxia no encuentras. El éxito de las empresas del sector pasa por un equipo motivado y bien formado.

Parece que hay cierta predisposición a regular la figura del tanatopractor y un interés creciente en obtener el certificado de profesionalidad. ¿Es suficiente o realmente el paso debería ser de mayor calado?

J.D.C. – Es cierto que en los últimos años hemos avanzado en el reconocimiento de la figura del tanatopractor. Es un proceso necesario para regular a todos los que nos dedicamos a esta labor y, desde luego, es un paso importante para normalizar nuestra situación. Pero no es más que el primer estadio que debe acabar fructificando en las aulas y con una titulación reconocida para la formación garantizada de futuros profesionales. Ahora estamos regularizando a los profesionales que ya existen, nuestro trabajo es poner las bases para los que van a venir y que se creen los roles de interrelación entre médicos forenses, funerarios y tanatopractores.

En materia de prevención laboral, ¿podemos hablar de una profesión de riesgo?

J.D.C. – Tengo la fortuna de trabajar en una empresa que está concienciada con la prevención laboral y sanitaria. Tenemos a nuestra disposición todos los EPIS, cumplimos con la normativa e intentamos minimizar al máximo cualquier tipo de riesgo. Estamos expuestos a sobrecargas musculares, cortes, contagios, productos que pueden afectar nuestra salud… Siempre parto de una lógica y la transmito a todos mis compañeros y en las formaciones, ante un difunto pueden ocurrir cosas no previstas. Por lo tanto, prevención antes, durante y después de cualquier intervención como en cualquier otra práctica sanitaria. Así que tenemos que acostumbrarnos al uso de batas, guantes, mascarillas … porque además son síntoma de profesionalidad.

Definir Tanatopraxia puede ser el principio de un largo y concienzudo debate. ¿Cuál es la suya?

J.D.C. – Definiciones hay muchas (risas) … La mía está basada en su finalidad, por lo tanto, sería el conjunto de técnicas y conocimientos que usamos para devolverle la dignidad al difunto tras la muerte y ofrecerle una imagen de tranquilidad a los que esperan para despedirlo.■

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“El médico embalsamador me dijo: “¿Entras o sales?”. Y entré.”

ÁNGEL SAN FRUTOS, Tanatopractor y Tesorero en la Asociación Nacional de Profesionales Tanatopractores

Hace 30 años que trabajo en una funeraria. Ser Tanatopractor titulado es un orgullo, pero todavía queda mucho camino que andar y que luchar. Estamos en un momento álgido para seguir reclamando el reconocimiento oficial de la profesión. Unidos somos más visibles.

SORTEM.Lleva tres décadas dedicadas al servicio funerario, pero ¿qué momento fue clave para que decidiera orientarse a la Tanatopraxia?

ÁNGEL SAN FRUTOS. – La oportunidad de trabajar en una funeraria se presentó por una relación familiar. El día a día en una funeraria es complejo y tienes que estar preparado para actuar como comodín en todas las labores que se presenten. En una ocasión, un médico embalsamador estaba realizando un servicio y me vio en la puerta. “¿Entras o sales?” – preguntó. Y decidí entrar.

Y, ¿desde entonces?

A. SF. – Sentí que me gustaba lo que había visto y tenía la necesidad de seguir explorando esa vía. En esos años, la tanatopraxia en Segovia y casi toda España era comparable a la televisión en blanco y negro, prácticamente no existía. Pero el esfuerzo autodidacta y la búsqueda de información y conocimientos me llevó a insistir en la formación y, por fin, conseguí en 2011 el título oficial de tanatopractor.

Se demanda desde el sector un reconocimiento profesional para la figura del tanatopractor  en España, ¿no basta con una titulación oficial?

A. SF. – Para nada. Es un primer paso, desde luego. Tener el título firmado y sellado por las autoridades del Estado, dota de credibilidad y presencia a la profesión. Igual que el Certificado de Profesionalidad, bajo el control del SEPE, acredita al titular de los conocimientos teóricos y prácticos para el desarrollo de la actividad como tanatopractor, tanatoestética, embalsamador y coordinador de servicios funerarios. Algo que, de momento, no se puede aplicar en todas las comunidades, a pesar de tener el título que lo certifica.

Pero resulta contradictorio …

A. SF. – Exacto. Y esa es la primera barrera que tenemos que romper. Por ejemplo, en mi comunidad, yo no puedo firmar embalsamamientos. Sin embargo, en Galicia o Canarias, los compañeros ya pueden hacerlo. Nuestra esperanza es que se produzca un efecto dominó. Es decir, que por agravio comparativo, las demás comunidades adecúen su normativa igual que lo han hecho las comunidades vecinas.

“Nuestra esperanza es que se produzca un efecto dominó y podamos ejercer por igual en todos los territorios”

Compagina su labor en la funeraria con la tesorería de la Asociación Nacional de Profesionales Tanatopractores. ¿Cuál es la labor de la organización?

A. SF. – El principal objetivo es el de luchar por el reconocimiento de esta profesión. La idea es la de canalizar y trabajar por cambiar nuestra situación actual. Somos un nutrido grupo de tanatopractores que perseguimos un fin general para difundir y dar cobertura institucional a nuestra figura.

Y eso se traduce en …

A. SF.– En pequeños avances que no son todo lo rápidos que a todos y todas nos gustaría, pero estamos en el buen camino. Hemos conseguido transmitir nuestras inquietudes al responsable del Ministerio de Sanidad del anterior Gobierno y, ahora, estamos trabajando para poder hacerlo también con el actual responsable. La clave es la insistencia y, personalmente, creo que estamos en un momento álgido que, aunque lento, es inevitable.

¿Qué es lo que le hace seguir motivado para seguir tratando con la muerte?

A. SF. – No creo que haya una motivación especial, no es diferente a la de cualquier otro trabajo. Puede sonar a tópico, pero recibes más de lo que das. La tranquilidad de la familia, la sensación de que has ayudado a que empiecen a superar la falta de su ser querido, frases como “parecía que estaba dormido” … Al final, se trata de comprender que estás allanando el camino de la despedida para que sea lo más serena posible.

– ¿Qué determina esa entrega?

A. SF. – Me refiero a qué todo se reduce a algo tan simple y, al mismo tiempo, tan difícil como escuchar los deseos de sus seres queridos. Además, de los aspectos técnicos que se presuponen, debes tener en cuenta factores tan dispares como hacia que lado se peina, que ropa la define, algo tan lógico como ponerle su dentadura… Son esos detalles los que humanizan nuestra labor.

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